
El texto “Mujeres que narran. Autobiografía y memorias traumáticas” corresponde al capítulo IV del libro Memoria y autobiografía. Exploraciones en los límites (2013) de Leonor Arfuch, quien estudia aspectos autobiográficos referidos a los testimonios de mujeres que vivieron encarceladas en centros de tortura, durante la dictadura de Videla, en Argentina, en los años 70. Para ello se enfoca en un corpus delimitado de escritoras mujeres, pero opuesto en cuanto a género discursivo y modalidad enunciativa, a saber: Poder y desaparición. Los campos de concentración en la Argentina (2006) de Pilar Calveiro y Ese infierno. Conversaciones de cinco mujeres sobrevivientes de la ESMA (2006) en coautoría con Actis, Aldini, Gardella, Lewin y Tokar.
En línea con lo anterior, la autora discute acerca de la posición del yo enunciativo en los diferentes géneros discursivos, tales como: el testimonio, la autobiografía, conversaciones, etc. Algunos de los referentes utilizados son: Bajtín, Derrida, Benjamin, Brecht y Benveniste. Con relación a esto, la pregunta que surge es: ¿De qué manera el yo enunciativo podría rebasar los límites propios de cada género discursivo? Las demarcaciones de cada uno ellos constituyen un eje complejo, porque es difícil mantener la referencia de la primera persona y lograr la verosimilitud; por esta razón se produce una transgresión transversal en estos géneros, como un tópico recurrente dentro del estudio. En los textos analizados, como “Poder y desaparición” de Calveiro, la autora eligió utilizar la tercera persona para entregar signos de objetividad al escrito, pero sucede lo contrario en “Ese infierno”, ya que Actis et al trata aspectos autobiográficos con evidentes marcas subjetivas, lo que implica (en ambos casos) una permanente oscilación entre gradaciones de un yo enunciativo, que no responde ante la noción de la estructura dentro de un género como tal.
Este asunto es mencionado por Arfuch durante todo el transcurso del texto, por ejemplo, en “Ese infierno” de Actis et al, dentro del marco de las conversaciones entre mujeres durante su encierro obligado en el ESMA: “Ya que hablamos de identidad, no sé cómo vivieron ustedes, qué les significó el hecho de que nos pusieran un número y nos identificaran de esa forma” (93). Si bien ellas dan cuenta de un grado de comodidad y distancia, al ser nombradas por un número, lo que de alguna forma las mantendría a salvo de sus captores. Igualmente esto implica un área difusa y atravesada por contextos complejos dentro del lenguaje, el cuerpo y la identidad, los cuales se fusionan dentro de estamentos políticos violentos que trizan los conceptos nombrados y los vulneran constantemente, debido a ello, estos límites son fácilmente transgredidos: “el yo como marca gramatical que opera en la ilusoria unidad del sujeto, la forma del relato, que traza los contornos de lo decible dejando siempre el resto de lo inexpresable” (75) Esto significa que el yo en estos géneros discursivos está presente como una identidad fisurada o enfrentada a la otredad del sí mismo, por eso la autora señala “la ilusoria unidad del sujeto” o descoincidencia, porque el yo no se logra posicionar dentro de esta unicidad inexistente.
Asimismo, los contenidos inconscientes son parte de aquello complejo que no se puede expresar con palabras y se le denomina “indecible” o “inexpresable” describiendo un horror tan aberrante que se vuelve imposible de asir y describir. Al mismo tiempo es difícil de asimilar por el receptor, en sus reales proporciones: “El trauma-la experiencia traumática-intenta decir lo indecible, aquello que escapa a toda simbolización, el resto, lo Real, en términos lacanianos. Un “decir todo” exacerbado porque “todo” no puede decirse” (Arfuch 82). Referido a los márgenes en que se manifiesta este yo enunciativo fisurado, a través de un lenguaje ampliamente superado y subvertido, debido a experiencias del trauma vividas por mujeres al interior de estos centros de reclusión. Por ello es incomunicable e intraspasable, no existiendo un modo certero de compartir esta vivencia traumática hacia el otro.
En este ámbito, también existen relatos familiares centrados en estos diálogos del inconsciente, como, por ejemplo, Madres, padres y demás de Siri Hustvedt, en que la autora narra: “Solo de adulta he tenido ocasión de reflexionar sobre el problema de la omisión, sobre lo que falta en lugar de lo que está ahí, y de empezar a comprender que lo que se calla resuena con tanta fuerza como lo que se dice” (15). Ella relata experiencias complejas de la ancestralidad, dentro de su familia noruega y lo que pulsa es esa opacidad secretamente guardada en los márgenes del inconsciente, que es imposible de describir, por lo tanto, de aprehender y de compartir con los demás. En este aspecto, la pregunta que surge es: ¿De qué forma se podrían enlazar los testimonios en el texto de Arfuch con la voz de Hustvedt en el relato descrito? Se podría destacar que si bien, las condiciones contextuales de las narraciones nombradas son distintas, sí tienen un tópico central fundamentado en aquellos mensajes inexpresables e intransferibles hacia los demás. En los relatos mencionados se aprecia una complejidad en transmitir aquello innombrable e intraducible, relacionado con los contenidos inconscientes de cada uno de nosotros, sostenidos además por un yo enunciativo que se ve continuamente escindido entre lo que es y debería ser ante los otros. Por ello, hay una doble complejidad proveniente de los archivos de la memoria inconsciente y lo que representa el yo enunciativo en los textos trabajados en este análisis.
Del mismo modo, las diferentes vías de expresión en que se han representado estas vulneraciones constantes al cuerpo hacen imposible elaborar contenidos veraces, desde un yo enunciativo y fisurado que intenta pronunciarse tanto desde el lenguaje corporal (paralingüístico), así como a través de la oralidad o diálogo consciente. Por otro lado, los contenidos inconscientes exponen esta pulsión compleja, incómoda e intraducible, tanto en los contextos políticos, como en los lugares más ocultos de esa ancestralidad familiar. Así el mensaje entregado se vuelve inútil, porque representa una señal de esta fisura permanente en que se debate el yo enunciativo para dar cuenta de una realidad sostenida por un lenguaje deficiente e insuficiente, a la hora de reconocer ciertos actos que nos ultrajan, nos han diezmado y rompen con las reglas de un discurso que se vuelve finalmente silencioso y que se resuelve desde el anonimato y la herida profunda, en ambos casos.
Referencias bibliográficas
Arfuch, Leonor. Memoria y autobiografía. Exploraciones en los límites, Buenos Aires: FCE, 2013.
Hustvedt, Siri. Madres, padres y demás. Apuntes sobre mi familia real y literaria. Santiago: Seix Barral, 2021.
Claudia Vila Molina: escritora nacida en Viña del Mar, Chile. Profesora de lenguaje y comunicación (PUCV), poeta, editora, correctora de textos y crítica literaria.
Publicaciones
Los ojos invisibles del viento, poesía, 2012.
Componiendo la ilusión, antología poética surrealista, 2017.
Reseña crítica a Doce Noturnos Da Holanda (1952) de la poeta brasileña Cecilia Meireles, 2018.
Ixquic, antología poética feminista, 2018.
Luna llena, antología poética surrealista, 2018.
Reseña crítica a Barajar la poesía (panorama artístico, cultural y surrealista en Latinoamérica) de Alfonso Peña, 2020.
Antología de la luz, poesía, 2020.
120 noches de Eros, antología poética surrealista, mujeres surrealistas de Floriano Martins, 2020.
Poética de la erótica, amores y desamores, poesía, 2021.
Los extraviados, 2023










