
- La tristeza según La Biblia, (ejemplos en el Antiguo y Nuevo Testamento).
Los Salmos
Los Salmos son uno de los libros más destacados de la Biblia y tienen una gran importancia en la tradición judía y cristiana. Este libro está compuesto por 150 cánticos o poemas que abordan una amplia gama de temas, como la alabanza a Dios, la petición de ayuda y la expresión de emociones y sentimientos, súplicas y lamentaciones.
Los salmos que abordan la “tristeza” tienen varios objetivos importantes para el ser humano:
- “Expresión de emociones”: Los salmos permiten expresar los sentimientos de tristeza, dolor y desesperación de una manera sincera y abierta. Esto ayuda a reconocer y validar estas emociones en lugar de reprimirlas.
- “Consuelo y esperanza”: Muchos salmos ofrecen palabras de consuelo y aliento, recordando a los creyentes que Dios está cerca de los quebrantados de corazón y dispuesto a sanar sus heridas.
- “Contacto espiritual”: Estos poemas facilitan un contacto más profundo con Dios permitiendo a las personas llevar sus preocupaciones y tristezas ante Él por medio de la oración. Esto fortalece la Fe proporcionando una sensación de paz y seguridad.
- “Meditación y reflexión”: Al meditar con los salmos, los creyentes pueden encontrar fortaleza y orientación para enfrentar sus dificultades espirituales confiando en que Dios está presente en sus vidas y dispuesto a restaurar su alegría.
- “Alabanza y gratitud”: Incluso en medio de la tristeza, los salmos incluyen sentimientos de alabanza y gratitud hacia Dios recordando a quienes mantienen la Fe las bendiciones y la fidelidad que Dios brinda a lo largo de sus vidas.
Algunos salmos que contienen como tema a la “tristeza” son los siguientes: Salmo 31
1 “¡A ti, Señor, me acojo, no quede yo nunca defraudado: ¡tú que eres justo, ponme a salvo!
(…) 3. porque tú eres mi roca y mi fortaleza; por tu nombre me guías y diriges.
(…) 5. en tus manos encomiendo mi espíritu, y tú, Señor, Dios fiel, me librarás.
(…) 7. gozaré y me alegraré de tu bondad porque has mirado mi aflicción y comprendido la angustia de mi alma; (…) 9. Ten piedad de mí, Señor, pues estoy angustiado; mis ojos languidecen de tristeza”.
En estos versículos el salmista busca refugio en Dios por causas debidas al dolor y a la angustia espiritual y existencial; hay alabanza y contacto espiritual. Salmo 34
- “Busqué al Señor y me dio una respuesta y me libró de todos mis temores.
- mírenlo a él y serán iluminados y no tendrán más cara de frustrados.
- este pobre gritó y el Señor lo escuchó, y lo salvó de todas sus angustias”.
Dios está cerca de los dolidos de corazón y dispuesto a sanar sus heridas; se hace cercano para los que no tienen otro apoyo más que Él.
Salmo 46
- “Dios es nuestro refugio y fortaleza, socorro siempre a mano en momentos de angustia”.
Al meditar con los salmos, los creyentes encuentran fortaleza y orientación para enfrentar sus dificultades y tristezas espirituales. En estos ejemplos la “tristeza” se manifiesta como una emoción negativa que solo la voluntad divina puede eliminarla.
En el Nuevo Testamento, específicamente en el “Evangelio de Juan”, Jesús habla de la “tristeza” como un sentimiento pasajero, efímero, que experimentarán los discípulos en el momento en que no esté; de todas maneras, Jesús les promete Esperanza cuando vuelva a verlos en el día de su resurrección:
Capítulo 16, versículos 19 – 24:
- “Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: ‘Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver.
- En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.
- La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por su alegría tan grande; piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo!
- Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo.
- Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme nada. En verdad les digo que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, se lo concederá.
- Hasta ahora no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, así conocerán el gozo completo”.
Con estas palabras dirigidas a los discípulos, Jesús quiere calmar la tristeza de estos cuando esté ausente; los creyentes deben llegar a una Fe y a una Esperanza plenas para el momento en que su presencia no esté físicamente; a través de la ausencia de Jesús en el plano físico, serán sus enseñanzas y la presencia del Espíritu Santo, las que inspirarán tanto a los discípulos como a los cristianos en general.
Este pasaje también se puede interpretar como un mensaje de esperanza y renovación espiritual que invita a reflexionar sobre la presencia de lo divino, (el espíritu de Jesús, la Omnipresencia del Padre, la pureza del Espíritu Santo), en las vidas de los creyentes aun en momentos de aparente ausencia. Asimismo, la importancia de la oración y de la comunidad enseña lo trascendente de pedir en su nombre lo que garantizará ser escuchados. En las palabras del Señor se destaca la profundidad de los cambios que se deben enfrentar en la vida y en la manera de cómo manejarlos desde la Fe. Por lo pronto, el sentimiento de “tristeza” se conjura con el disfrute de una vida piadosa arraigada en la Esperanza.
En la “Segunda Carta a los Corintios”, capítulo 7, versículo 10, Pablo se refiere a la “tristeza” en dos aspectos de esta:
“La tristeza que viene de Dios lleva al arrepentimiento y realiza una obra de salvación que no se perderá. Por el contrario, la tristeza que inspira el mundo provoca muerte”.
Pablo enseña que la “tristeza” cuando viene de Dios resulta necesaria para el arrepentimiento verdadero y la salvación consecuente. El perdón ofrecido por Dios como consecuencia del pecado será irreversible; aquellos que creen en Cristo tienen la salvación asegurada. Esa “tristeza” implica un remordimiento profundo y sincero que lleva a un cambio de comportamiento cuando el pecador es consciente de su pecado.
Sin embargo, cuando la “tristeza” se recibe desde la vida mundana, tiene el efecto mortal de producir resentimiento y amargura; por lo que se produce una muerte espiritual y moral.
En este pasaje de la “Segunda Carta a los Corintios”, c. 7, v. 10, el apóstol hace una clara diferencia de la emoción denominada “tristeza”; esta puede llevar a la redención del creyente, o, a su perdición si la absorbe del mundo.
“Las tres dimensiones del mal”, (una Teodicea), San Agustín.
San Agustín conceptualiza al mal como una carencia del bien y no como una entidad positiva en sí misma; lo divide en tres dimensiones: 1- el mal moral o ético, (originado por el pecado), 2- el mal natural (sufrimientos y dolor físico de la carne), y 3- el mal metafísico y ontológico que atañe a la naturaleza del ser, (entidad supra humana). Por lo que se podría diferenciar al mal moral que surge de la voluntad humana y sus decisiones por el “libre albedrío”, del mal natural como consecuencia de la creación divina y, finalmente, el mal metafísico u ontológico como una ausencia de la perfección divina.
- El mal moral (pecado):
Es el alejamiento de la voluntad humana de la ley de Dios, un acto culpable y responsable.
Surge de la inclinación del hombre a la búsqueda de placeres mundanos y a la falta y olvido del amor a Dios. Para San Agustín, el pecado es la inclinación del hombre hacia lo vicioso oponiéndose a la virtud y al bien.
Cuando en el Salmo 31 el salmista le suplica a Dios: “porque has mirado mi aflicción y comprendido la angustia de mi alma”, el ruego, arraigado en la tristeza, es propio del “mal moral porque el dolor anímico nace del pecado, de una falta ética que rompió con la escala de valores del dogma. Este mal moral se relaciona con el “libre albedrío” que la persona adquirió después de la “caída” del pecado original.
- El mal natural (sufrimiento físico):
Es un sufrimiento que afecta al cuerpo y que puede provenir de causas naturales como las enfermedades, las heridas, todo dolor concerniente al cuerpo físico.
San Agustín asevera que el cuerpo, aunque en sí mismo no es malvado, puede estar afectado tanto por el mal moral como por el mal natural. En el Evangelio de Juan, Cap.16, vs, 22, en el momento en el que Jesús consuela la tristeza de los discípulos, manifiesta: “Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría”, lo que desea es que el dolor del alma y de sus cuerpos manifestados por el llanto, desaparezcan porque les promete la esperanza del reencuentro, y, de esa manera, ellos podrán elegir, si continuar en el pecado o redimirse siguiendo la cruz. Será el Cristo el que padecerá el dolor físico para limpiar de pecados a quienes lo sigan.
- El mal ontológico (ausencia del bien en el ser):
Se remite a la deficiencia o ausencia del bien en el ser, a la carencia de perfección en las criaturas humanas. El mal no es una entidad que exista en sí misma, sino una ausencia de bien o de perfección. Dios no creó el mal en el sentido de una entelequia como fue concebida por Aristóteles en el acto de Su Creación. Para San Agustín, Dios, como creador de todo, no es el responsable del mal, ya que el mal no es una cosa que haya creado, sino una deficiencia o ausencia del bien en lo creado.
Se ha visto cómo, de acuerdo con San Agustín, el mal en sus tres aspectos es responsabilidad exclusiva de la criatura racional, la cual introduce el desorden en el cosmos al volverse hacia los bienes de naturaleza inferior, prefiriéndolos a los bienes inmutables. Es así como lo demuestra Pablo en Segunda Carta a los Corintios”, capítulo 7, versículo 10: “La tristeza que viene de Dios lleva al arrepentimiento y realiza una obra de salvación que no se perderá. Por el contrario, la tristeza que inspira el mundo provoca muerte”. Una muerte espiritual cuando el ser humano en su libre albedrío elige con su voluntad volcarse a los placeres mundanos cayendo en el pecado y en el dolor físico, ético y ontológico que le producirá la tristeza de su existencia.
No hay confusión conceptual para la teodicea de San Agustín en el sentido de la noción de mal: el mal propiamente dicho es el mal moral que resulta de la libertad humana desviada después de la expulsión del Edén; en cuanto a los males físicos, estos no son propiamente hechos de una corrupción culposa ya que no violentan el orden impuesto a la realidad creada aun cuando afecten a las personas comunes; y en lo que respecta al mal ontológico, Dios se aleja de esa sustancia introducida por la falta del bien cuando el hombre sale del mito para entrar en la historia.
Por lo que se deduce que toda la Creación es buena y no puede ser Esta la causa del desvío de la voluntad, porque quien se desvía voluntariamente de los valores que constituyen el bien es el hombre al recibir el libre albedrío. Sin embargo, este le permitirá elegir entre el bien y el mal hasta lograr la redención.
La fe será quien oriente y corrija el impulso de la vida interior de los hombres; una vida interior movida por la espiritualidad cuyo anhelo sustancial será la búsqueda de la salvación y el fin de toda tristeza.
- El silencio de los “tristes”.
La soledad de la tristeza
La soledad y la “tristeza” son emociones que a menudo se entrelazan, pero tienen matices distintos. La soledad puede ser una experiencia tanto física como emocional. No siempre implica estar físicamente solo, sino más bien sentirse desconectado de los demás, lo que puede generar una profunda “tristeza”.
La soledad de la tristeza se refiere a ese sentimiento de aislamiento y vacío que surge cuando la tristeza nos envuelve. Es una sensación de estar solo en nuestra pena, sin importar cuántas personas nos rodeen. Esta soledad puede ser especialmente dolorosa porque no solo nos sentimos tristes sino también incomprendidos y desconectados. En ocasiones, la soledad puede ser un espacio para el crecimiento personal y la reflexión, sin embargo, cuando se combina con la tristeza, puede convertirse en una carga emocional difícil de manejar. Es importante reconocer estos sentimientos y buscar apoyo cuando sea necesario, ya que la soledad crónica puede tener efectos negativos en nuestra salud mental y física.
La “tristeza”, cuando se aborda desde una perspectiva metafísica, trasciende su definición común como una simple emoción pasajera. En este contexto, la tristeza se convierte en un estado del ser que invita a una reflexión profunda sobre la existencia, el propósito y la naturaleza de la realidad.
Desde un punto de vista metafísico, la tristeza puede ser vista como una manifestación de la conciencia de que nada es permanente, y de la finitud de la vida. Confronta con la fragilidad de la existencia humana y de lo inevitable del cambio y de la pérdida. Este tipo de tristeza no solo se siente también se contempla y se analiza llevando a una mayor comprensión de la propia humanidad y de la naturaleza del universo.
Hubo filósofos y poetas que exploraron a la tristeza como una puerta hacia el conocimiento y la sabiduría. Para algunos la tristeza y el sufrimiento son vistos como elementos esenciales para el crecimiento personal y la superación. La tristeza, en este sentido, puede ser una fuerza transformadora que impulsa a cuestionar las creencias y a buscar un significado más profundo en nuestras vidas.
Es de destacar que la tristeza emerge también, aun anclada en la soledad o en la compañía de afectos, cuando en el plano de la realidad o de la virtualidad, la indiferencia hacia uno se hace vertiginosa. Con respecto al plano de la virtualidad se la puede apreciar en la carencia de comentarios o de likes en los posteos en las redes sociales. Como señala Byung-Chul Han: “El ‘me gusta’ es el amén digital. (…) El smartphone no es solo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente la congregación) de lo digital”. 17
“Emoción vs. Sentimiento”
La principal diferencia es que la emoción es una reacción física, rápida y automática del cuerpo ante un estímulo, mientras que el sentimiento es la suma de esa emoción más el pensamiento y la consciencia sobre lo que nos pasa, por lo que dura mucho más tiempo.
Las emociones son respuestas automáticas del cuerpo e involuntarias, la duración es corta y, de pocos segundos o minutos. Vienen antes, son de tipo biológico y universal (como el miedo, la alegría o la ira). Su efecto: mueven al cuerpo a actuar de inmediato y causan cambios físicos claros (como sudar o latir rápido el corazón). Los sentimiento son la interpretación mental y consciente de las emociones. Su duración es mucho más larga, pueden durar días, meses o años. Aparecen después, cuando la mente procesa y da significado a lo que el cuerpo sintió. En lo que respecta a los efectos y consecuencias, son más complejos y están guiados por los pensamientos, las ideas y los recuerdos (como el amor, el rencor, la tristeza o la culpa).
En un opúsculo18, cuya clasificación epistemológica no viene al caso, se manifiestan estás ideas que se resumen y parafrasean con el objetivo de ilustrar ciertas reflexiones de su contenido y de la interpretación de quien escribe. Durante el día y la noche se está pensando en una multiplicidad de cosas completamente diferentes entre sí. Con tanta variedad de ideas, nos detenemos a contemplar, a examinar, o a valorar algunas más que a otras en la medida que el tiempo lo distribuyamos para la reflexión. ¿Por qué hacemos esto? Porque nos han estimulado los sentimientos y los pensamientos, nos han inducido emociones de temor o de antipatía, de simpatía o de lástima, pensamientos de tristeza o de agrado desde los medios de comunicación tradicionales, desde las redes sociales, desde internet y el mundo virtual. Acontece que por determinado sentimiento o emoción la idea de estos se nos representa en la mente, y la valoramos y la “evaluamos”. Cuando se dispone de tiempo para hacer ese ejercicio, se medita, y por ende pasa al subconsciente quedando grabada la idea allí. Una vez que la idea se graba en el subconsciente se convierte en un “reflejo”.
Diferenciemos sintéticamente el subconsciente del inconsciente: El subconsciente está justo por debajo de la capa consciente. Guarda información fácil de recordar con un pequeño esfuerzo y equivale más al concepto de memoria o preconsciente. El subconsciente permite traer datos, recuerdos, al presente si se presta atención. El subconsciente no discierne ni decide nada; carece de poder para protestar o festejar. Tampoco tiene voluntad propia; su función consiste en “reaccionar” sobre el “reflejo” que se ha disparado en el sentir humano. En las ocasiones en las que una idea que está grabada se manifiesta con “fuerza”, reacciona el “reflejo” de aquel sentimiento o emoción originales. Recordemos que la dialéctica: 1- sentimiento o emoción, 2- idea, 3- reflejo, son partes del mismo sistema, y son elementos similares que adquieren una denominación de acuerdo a su función. En cuanto al inconsciente se marca una diferencia con el subconsciente, a saber: contiene deseos, miedos y recuerdos ocultos. Está totalmente fuera del alcance de la consciencia; no se puede recordar por voluntad propia. Freud prefirió usar este término oficial en la terapia.
La introspección es “la mirada interior que se dirige a los propios actos o estados de ánimo”, (Definición de la R.A.E). Consiste en observar y analizar los propios pensamientos, sentimientos, deseos y actos. Es un método clave para lograr el autoconocimiento y entender el origen de nuestras conductas. La retrospección es la acción de mirar, revisar o examinar el pasado. Consiste en volver la vista hacia atrás a efectos de recordar, analizar o entender vivencias, ideas o hechos que ya ocurrieron. Ambas “técnicas” de la Psicología, (téngase en cuenta que para algunos psicólogos esta es una “ciencia hermenéutica”), permiten a la persona traer al presente vivencias reales o no. Se destacan por el panorama existencial que surge cuando el sujeto está dispuesto a observar su presente.
El sujeto de estos tiempos, siglo XXI, generalmente carece de un tiempo para aplicar la introspección así como la retrospección. “El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación”, afirma el filósofo coreano Byung-Chul Han, en su libro “La sociedad del cansancio”. 19. La vida del sujeto de una sociedad del rendimiento, se condena a una hiperactividad que le impide disfrutar de una vida contemplativa. Es por esto que el acto de meditar desaparece, es anulado por la sociedad moderna que sobrecarga de estímulos al individuo. A veces se está más activo cuando no se hace nada, y nunca se siente más la soledad que cuando uno está consigo mismo… (…) “la vida contemplativa es más activa que cualquier hiperactividad, pues esta última representa precisamente un síntoma del agotamiento espiritual”. 20
El “reflejo” surgido del subconsciente, que es una idea sobre sentimientos y emociones, resultará indiferente para la gran mayoría de los individuos que conforman una sociedad. ¿A qué se debe? A que las personas “no tienen tiempo” para meditar, para realizar una introspección o una retrospección. ¿Cuáles son las consecuencias más dañinas? Las patologías psiquiátricas como la depresión, el síndrome de burnout, la ansiedad, los llamados “infartos psíquicos”. Entonces la salud se elevará a la condición de diosa; las demás enfermedades que surgen como consecuencia de las referidas, hacen de nuestro medio, un mundo medicado. Justamente la depresión, un cáncer al alma, es la enfermedad mental donde la tristeza se manifiesta con mayor furia. La “depresión mayor”, hace de la persona un ser que sufre, sea la anhedonia, el trastorno de sueño y de alimentación, del sentido de la vida, etc. El síndrome de burnout es la patología psiquiátrica que se convierte en la antesala de la depresión con su peor rostro: la tristeza. Y es en la pérdida de la espiritualidad, en la pérdida también de la meditación o reflexión sobre nuestras vidas, donde la soledad y la tristeza se enquistan en la mente, el espíritu y el cuerpo debido a la carencia de una vida contemplativa, como plantea el filósofo coreano, y a la debida meditación que el sujeto de esta sociedad de rendimiento va perdiendo.
A esto se suma el “pensamiento fragmentado” que se genera por un constante estímulo de imágenes, reel y shorts de poca duración, (tres segundos aproximadamente para ver fotos e imágenes en un móvil), impidiendo un proceso de pensamiento reflexivo. La rapidez de la información corta el pensamiento lógico con ideas hilvanadas que se diluyen entre la realidad y la virtualidad. El déficit atencional es un mal tanto de jóvenes como de adultos donde la ansiedad comienza a mellar la razón. Junto con un discurso quebrado, la ansiedad se asocia para generar estados emocionales nocivos, abriendo las puertas para el desasosiego y la inminente tristeza, madre de tantos males mentales, físicos y de vínculos con el otro.
A esto se suma el “pensamiento fragmentado” que se genera por un constante estímulo de imágenes, reel y shorts de poca duración, (tres segundos aproximadamente para ver fotos e imágenes en un móvil), impidiendo un proceso de pensamiento reflexivo. La rapidez de la información corta el pensamiento lógico con ideas hilvanadas que se diluyen entre la realidad y la virtualidad. El déficit atencional es un mal tanto de jóvenes como de adultos donde la ansiedad comienza a mellar la razón. Junto con un discurso quebrado, la ansiedad se asocia para generar estados emocionales nocivos, abriendo las puertas para el desasosiego y la inminente tristeza, madre de tantos males mentales, físicos y de vínculos con el otro.
Acontece lo mismo debido al “exitismo”; ese imperativo cuyas causas se encuentran detrás de variadas bambalinas. Hombres y mujeres de distintas edades, estratos sociales, culturales, étnicos, sufren de tristeza por no alcanzar los escalones de una escalera impuesta hacia los espejismos. Y es entonces que el individualismo exacerbado se siente herido de una muerte social.
La búsqueda de la belleza estereotipada termina convirtiéndose en un castigo similar a la condena de Sísifo. El “edadismo” es el antiguo virus que nunca se fue, (piénsese en la búsqueda de la “Fuente de la Juventud”); la tristeza por el paso del tiempo, la inevitable senda hacia la vejez, los dulces recuerdos del “haber sido”, son los compases de un tango triste que se baila solo en la oscuridad.
La “música” es una fuente inagotable para manifestar la “tristeza”; desde sus variadas épocas y estilos, las obras musicales destilan ese sentimiento. El blues es un género musical surgido a finales del siglo XIX y principios del XX en las comunidades afroamericanas del sur de Estados Unidos. Su desarrollo surge de las canciones del trabajo forzado que los esclavos africanos entonaban en las plantaciones desde el siglo XVIII. Su carácter es fundamentalmente triste y melancólico; el blues es triste por esencia. Sus letras suelen reflejar sufrimiento, y abordan temas como el amor, el desamor, la explotación laboral y el racismo; es un canto de desencanto y esperanza a la vez.DD
Asimismo, cantores de la talla del uruguayo Eduardo Darnauchans y del inglés David Bowie, reflejan el mismo sentir: tristeza. En el caso de Darnauchans, su lírica angustiada revestida de pastillas compone la música para un poema desgarrador titulado “Cápsulas”, cuyo autor fue el poeta modernista colombiano José Asunción Silva quien muere por suicidio en 1896 a los 30 años. Algunas de sus estrofas indican la angustia, la desazón, la infelicidad, la turbia melancolía:
“El pobre Juan de Dios
tras de los éxtasis del amor de Aniceta, fue infeliz. Pasó tres meses de amarguras graves, y, tras lento sufrir, se curó con copaiba y con las cápsulas de Sándalo Midy.
(…)
Luego, desencantado de la vida,
filósofo sutil,
a Leopardi leyó, y a Schopenhauer y en un rato de spleen,
se curó para siempre con las cápsulas de plomo de un fusil”.
David Bowie, carismático y exitoso, compuso una canción con el sugerente título “I’m Deranged”, (“Estoy trastornado”). En su letra dice:
“Funny how secrets travel I’d start to believe if I were to bleed.
Thin skies, the man chains his hands held high
Cruise me blond
Cruise me babe
A blond belief beyond, beyond, beyond No return, no return”.
I’m deranged
Deranged down, down, down
I’m deranged down, down, down
So cruise me babe, cruise me baby, oh! I’m deranged deranged down, down, down
Traducción:
Es gracioso cómo viajan los secretos, empezaría a creer
si yo sangrara.
Cielos delgados, el hombre encadena sus manos a lo alto.
Crúzame, rubia.
Crúzame, nena.
Una creencia rubia más allá, más allá, más allá.
Sin retorno, sin retorno.
estoy trastornado, trastornado abajo, abajo, abajo…
En lo que refiere a los recuerdos de la niñez, la juventud efímera y, quizás, la mediana edad, vuelven como fantasmas con el fin de atormentar, aunque la persona no los invoque. El recuerdo del primer amor, del beso que nos signó…; y estas palabras de Francesca en el Canto V del Infierno de la “Divina Comedia” de Dante, ilustran con precisión poética cómo el recuerdo puede ser causa de dolor y tristeza: “No hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria”. ¿Y qué sucede entonces? La tristeza canta los requiemes de lo que se pudo haber sido y de lo que no se fue. Y si a esta pena loca se la coloca en el escenario de la soledad, no habrá tragedia griega o barroca que la supere en pathos de quien actúa obligado.
- ¿Un ensayo?
Creador de un género propio
A Michel de Montaigne se le conoce por ser el creador de un nuevo género literario durante el Renacimiento: el ensayo. Fue Montaigne el que lo denominó así y quien detalló sus principales características. ¿En qué consiste un ensayo? Principalmente se trata de un texto que plantea una reflexión sobre la condición humana a partir de la visión, experiencia, reflexión u opinión del autor. Es un texto netamente subjetivo, (la suma de subjetividades da lugar a la objetividad), en el que debe primar la cercanía, la sencillez y la claridad estilística hacia el lector, mientras se intenta analizar, argumentar e interpretar un tema concreto. El ensayo se contrapone al Tratado el cual poseía un estilo solemne, extenso, escrito en latín generalmente, y cuya intención era dirigirse a una elite de lectores; en cambio el ensayo era escrito en una lengua vernácula como el francés, asequible a varios lectores, con estilo conciso para abordar los temas humanos, con una argumentación sustentada por la razón. Asimismo, el ensayo no valora estar en posesión de la verdad absoluta.
Montaigne no intentó aleccionar al lector, sí permitirle acceder a conocimientos propios del Humanismo vigente en su época. El ensayo carece de una estructura fija y no trata de confutar la opinión o teoría de nadie. Su fin y objetivo es la búsqueda y el acercamiento a la verdad, alejándose del dogmatismo, de la ignorancia, y del fanatismo desbrozando aspectos innecesarios para la comprensión del asunto tratado.
El ensayo en Montaigne se encuentra despojado de citas bibliográficas que entorpecen, confunden y burocratizan la lectura; no hay una intención de erudición citando las fuentes, en cambio sí puede parafrasear la idea de un pensador a efectos de justificar las ideas trabajadas y de engastar sus valores y visiones con la intención de enriquecer lo ensayado. Léase inter alia: la erudición y el conocimiento se manifiestan dentro del discurso.
Este trabajo que versó sobre el tema de la tristeza se basa en los principios del ensayo instituido por Montaigne, si bien se ha utilizado las citas de fuentes, más bien para continuar con una “tradición” ensayística actual, no se advoca a ningún sistema bibliográfico de citas.
¿Acaso Ferdinand de Saussure, (y sus compiladores), así como Amado Alonso, Roman Jakobson, y otros grandes pensadores utilizaron las citas bibliográficas? Esta pregunta retórica confirma un axioma acerca de varios estudios realizados desde las Ciencias Humanas y Sociales. Sin embargo, desde la década de los 80 aproximadamente, surgió una “inquisición academicista”:
La revisión por pares, también conocida como “peer review”, que consiste en un proceso por medio del cual expertos en un campo del conocimiento determinado, evalúan el trabajo de otros expertos o pensadores o científicos, antes de publicar la obra presentada en una revista o medio académico. Se pretende asegurar que a través de este proceso de “filtro”, se aseguraría, desde una ética burocratizada, la garantía de validez del trabajo de investigación. Jorge Luis Borges escribió en su cuento “Utopía de un hombre que está cansado”: “La lengua es un sistema de citas”. Con este “aforismo” se ilustra lo que se intenta explicar.
Sin ánimo de continuar extendiéndome con la esencia del ensayo, sugiero las lecturas de: A) Un trabajo académico que Fernando Andatch escribió, no sin tropezar en lo que se vino tratando, y que resulta significativo y sugerente para develar el “fenómeno de la escritura académica”, 21 y B) El “metaensayo” de Carlos Real de Azúa donde escribe: “Si el ensayo, y su historia lo comprueba, se alimenta de una variedad, de una universalidad temática prácticamente ilimitada, tiene que ser una especificidad como agencia verbal del espíritu (para usar la expresión de Alfonso Reyes), su modo peculiar de ataque lo que permita caracterizarlo”. 22
Y continúa argumentando: [el ensayo] “Ser una reacción, entonces, contra lo dogmático, pesado, riguroso, completo, final, excesivamente deliberado; optar por el fragmentarismo, la libertad, la opinabilidad, la improvisación (…) El ensayo es intuitivamente interdisciplinario (…)
El intelectual uruguayo no escribe sobre el uso de citas, no las utiliza cuando trata la temática del ensayo, ni en las instancias del libro al referirse a los 41 ensayistas que incluye en su antología del ensayo uruguayo contemporáneo.
NOTAS:
- “Diccionario Esencial Latino – español, español – Latino, Vox”, pág. 479, Barcelona, España, 1998.
- “Nuevo Diccionario Etimológico Latín – español y de las voces derivadas”, Quinta Edición. Santiago Segura Mungía”, págs. 795 -796.
- – “Diccionario Manual de la Lengua Española”, Cuarta Edición, pág. 1577. Espasa – Calpe, Madrid, 1989.
- Descartes, René. “Definición de la tristeza”. “Tratado de las Pasiones del alma”. Segunda Parte. Del número y del orden de las pasiones y explicaciones de las seis primarias orden y enumeración de las pasiones, art. 92. (1649). http://23118.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacio n_adicional/obligatorias/034_historia_2/Archivos/Descartes_pasiones.pdf
- Ibidem, pág. 975.
- Steiner, George. “Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento”, pág. 11. Fondo de Cultura Económica, México, 2007.
- Idem, págs. 11.
- Ibidem, pág. 12.
- Piaget, Jean. “Seis estudios de psicología”, págs. 31 – 32. Editorial Planeta, España, 1985.
- Steiner, George. “Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento”, pág. 41. Fondo de Cultura Económica, México, 2007.
- Paz, Octavio. “El arco y la lira”, pág. 9.
https://redescolar.ilce.edu.mx/sitios/micrositios/19abril_aniver_luctuoso_ octavi_paz/opar.pdf
- Vogel, Karen. https://www.nationalgeographicla.com/ciencia/2024/06/que-es-la-tristezasegun-la-psicologia
- De Cervantes Saavedra, Miguel. “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, pág. 669. Vigésima cuarta edición, Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1970.
- Kundera, Milan. “El arte de la novela”.
https://www.academia.edu/19018707/Milan_Kundera_El_arte_de_la_nove la
- Ducrot, Oswald, Todorov, Tzvetan. “Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje”, págs. 259 – 260. Siglo XXI Editores, México, 1987.
- Byung-Chul, Han. “Psicopolítica”. Herder Editorial S. L. España. 2025. Pág. 25.
- Méndez, Conny. “Metafísica al alcance de todos”. Caracas. s/a ni editorial.
- Byung-Chul, Han. “La sociedad del cansancio”. Pág. 20.
https://www.u-cursos.cl/facso/2019/2/ANT00009/1/material_docente/bajar?id_material=2888708
- Ibídem.
- Andatch, Fernando. “¿Por qué razón reflexionar sobre los signos de la comunicación académica no equivale a hablar sobre el carácter moral de los peces?”. Extramuros. N° 102. Junio 2025, Montevideo.
- Real de Azúa, Carlos. “Antología del Ensayo Uruguayo contemporáneo”, Tomo I, págs. 15 – 21. Universidad de la República, Departamento de Publicaciones, Uruguay, 1964.
Federico Rivero Scarani, 1974, Montevideo-República Oriental del Uruguay.
Docente de Literatura egresado del Instituto de Profesores Artigas. Colaboró en diversos medios Uruguay como El Diario de la noche, Relaciones, Graffiti, y también en revistas internacionales como Archivos del Sur (Argentina) y Banda Hispânica.com (Brasil), Carruaje de Pájaros (México), InComunidade (Portugal), Resonancias (Francia), entre otras. Publicó un ensayo sobre el poeta uruguayo Julio Inverso (“El lado gótico de la poesía de Julio Inverso”) editado por los Anales de la Literatura Hispanoamericana de la Universidad Complutense de Madrid, España. Participó en antologías de poetas uruguayos y colombianos (“El amplio jardín”, 2004) y Poetas uruguayos y cubanos (“El manto de mi virtud”, 2011). Mención Honorífica por el trabajo “Un estudio estilístico de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca”, 2014, Organizado por el Instituto de Estudios Iberoamericano de Andalusíes y la Universidad de La Plata (Argentina). Accécit 18º Concurso José M. Valverde, 2014. Fue docente de la cátedra de “Lenguaje y Comunicación”, en el Instituto de Profesores “Artigas”.- Miembro de REMES (Red Mundial de Escritores en Español), y del sitio autores.uy. Promocionado por la “Biblioteca Nacional”, Ministerio de Cultura del Uruguay y “Biblioteca del Poder Legislativo”.
Colabora con artículos, ensayos, traducciones y poemas en diversas revistas internacionales de Latinoamérica y Europa.
Obras: “La Lira el Cobre y el Sur “(1993); “Ecos de la Estigia” (1998);”Atmósferas”, Vintén Editor (Mención Honorífica de la Intendencia Municipal de Montevideo, 1999); participó en el CD “Sala de experimentación y trabajos originales”, Maldonado 2002; “Noctambulario”, CD con poemas del autor y del poeta brasilero Rodrigo Petronio recitados por Federico Scarani, digitalizados por el poeta y perfórmer Juan Ángel Italiano, (2003); “Synteresis perdida”(2005); “Cuentos Completos” (2007); “El agua de las estrellas” (2013); “Desde el Ocaso”, (2014) editado en las páginas digitales EspacioLatino.com /Camaléo.com; “Reflejos de la Oscuridad”, (2018), autores.uy. “Amor, Barniz Gris”, JustFiction Edition, Letonia, (2019),”Este no es un otoño más “, Editorial Rosae, Montevideo, (2021), “Lesbianas”, Ed. Rosae, (2022), “Tan misteriosa como el sândalo”, Ed. Rosae, (2023).










