Cultura

Poemas con Jorge Guillén (2): parte 3 | Santiago Montobbio

Foto de Abdul Kayum na Unsplash

“Poemas com Jorge Guillén (2): parte 3_1”

 

PENSABA MANDAR MAÑANA mi primer libro ya italiano a Patrizia Spinato, la colaboradora de Bellini con quien compartí mis encuentros con el Profesor. Patrizia me había invitado a colaborar en una revista universitaria y le envié dos textos, uno dedicado a Màrius Torres y otro a Luis Pimentel. Me dice ahora -tuve arrojo, pues se podía esperar- que su corte artístico no se ha considerado acorde con el carácter académico de la revista. Y que lo lamenta. Sí, porque es una pena que la poesía quede fuera de la poesía -allí donde se le comenta, se la estudia. Pero que le encantaría publicar el texto dedicado a Màrius Torres en “La Pagina” de su Notiziario. Claro, es un honor, y que me alza y me trae el recuerdo querido de Bellini, pues “La Pagina” era la sección final del Notiziario, siempre a su cargo y con la que lo cerraba. Y que dedicó en varias ocasiones a mi poesía. Seré ahora el autor de esta sección, quien comenta y acompaña en ella a un poeta, y no el poeta comentado. Qué coincidencia, si al llegar a casa pensaba prepararle el libro, para enviárselo mañana. Se lo diré. Y que me alegra su propuesta. Una alegría, un honor, una memoria de lo alto, lo alto de la vida, de la poesía.

 

*

 

EL VERDE DEL JARDÍN. EL VERDE DE LA MEMORIA, EL VERDE QUE ALEGRA

cuando asoma entre las tejas, como dice el poema de Guillén 

que leía el otro día. La memoria son estas tejas, y la alegría de ese verde

la amistad verdadera y cumplida, los recuerdos de la estima mutua,

la pasión compartida por la poesía. Hay un verde entre las tejas,

y me alegra.

 

LA LUZ EN LO ALTO DE LA PEDRERA, EL AIRE QUE MUEVE LOS ÁRBOLES

en este jardín. Recuerdo que “Gaudí” fue el texto que elegí

para que lo publicaran en un homenaje por los noventa años

de Bellini. Me dieron un ejemplar el día en que presentó

mi poesía en Milán. La memoria vuelve, trae un verde

que nos alegra en ella, en el recuerdo o la noticia que trae.

La vida y la memoria también tienen aire, tienen verde.

 

Barcelona, 29 de septiembre de 2022

 

TENÍA MEDIADA EN su lectura este capítulo V de la sección 3 de Cántico, en el que hay poemas fundamentales que siempre he recordado (“Ser”, “Equilibrio”), y que son y dicen a Guillén por entero, pero lo vuelvo a empezar, como creo hice ya la otra tarde. Los dos poemas son una magnífica entrada, así lo sentí al releerlo el otro día. Son “El viaje” y “Ahora sí”. También dicen a Guillén y son Guillén. Pero me asalta ya el primer poema, “El viaje”, y quiero ponerlo aquí, porque pienso que leo estos poemas y los busco para leerlos y sentirlos como himnos de amor -a la vida. Y esto son en verdad los poemas. También por esto los buscamos -no sólo por esto, pero sobre todo por esto. Así lo siento y dice en su final este poema, “El viaje”:

 

Habrá un agua entre peñas, 

Habrá con hojas viento,

Los mirlos buscarán alturas de álamos,

Unos cerros sin nada

Serán la pista buena de la luz,

Hasta el fondo del coche tendrá aurora,

Y entre ruedas crujientes 

Y el pesadísimo entresueño

Veré avanzar los inmortales

Himnos de amor.

 

LEO EN “SOL con frío”: “La inteligencia es ya felicidad, bocanada de gracia /Como un frío de luz -que se respira”. Para esto también los poemas, sentir que es así gracias a ellos. Es su virtud -una de ellas, pero muy principal. Y aquí el principio del poema, titulado precisamente “Virtud”: “Tendré que ser mejor: me invade la mañana”. Y el verso final: “Me invade mi alegría: debo de ser mejor”. A esta afirmación, en esta voluntad llevan a sentir los poemas. Como los siguientes, “Media mañana” y “Dos cerros”. Tantos. Los poemas son tantos. Y son himnos de amor. La verdad de la mañana, la luz de la mañana. Alegría, felicidad. Ser. Cántico.

 

“LA ATENCIÓN ES un éxtasis”, leo, y siento dice de manera máxima lo que de la atención -poemas, atenciones- leía decía en otro tomo de Aire Nuestro el poeta, y tanto me agradó, por sentir lo compartía, por ser también entonces así mis días -días, como los poemas, atenciones. El éxtasis, y la belleza, y la libertad. Así el final de “Contemplación concreta”, algunos poemas antes: “Ni esa pared con soledad infusa,/ Ni esa cornisa tan indiferente,/ Hermosa para mí porque la miro./ Ni la tarde, tan libre -como yo/ Cuando yo la contemplo”.

 

Y EN LOS poemas siguientes, y en el mismo “La atención es un éxtasis”, la necesidad de la naturaleza y del jardín, de la intimidad y la vida que ellos hacen posible y en ellos se da. “El día de una calle, quizá de algún jardín/ Acompaña dorando,/ Templando su valor/ En vidriera y pared” leo en “Ángulo doméstico”. “La tarde en las hojas” es el siguiente poema, y el que le sigue, “Una pared”, así empieza: “Bajo un cielo que siempre exige campo”. Sí, el campo como exigencia de la vida, así sentirlo, y para la atención, las atenciones. El campo y sus seres. Lo pide la vida. Porque en él se da, se dice.

 

Barcelona, 1 de octubre de 2022

 

*

 

LA TARDE EN EL JARDÍN.

Para decir que sí.

Como sí dicen a 

la vida los poemas

de Guillén, que quiero

retomar. Asunción

de las cosas, de

sus profundidades

y sus alturas, que

es también ascensión.

Ascensión por venir

de la raíz y haber

llegado a ella. Sí

a la luz desde

la noche.

 

Y AQUÍ, PRONTO, el espléndido poema que siento cobra aún más su sentido al leerlo en un jardín, un jardín en el que paso las tardes -cuando puedo, si puedo. Un poema que se basta a sí mismo, desde el principio fulgurante -antes, en “Más amor que tiempo”, se ha adentrado en el amor y el tiempo, y ahora el tiempo, en este principio, del modo en que llega a ser, en que se cumple, en un jardín, en jardines, hasta el verso final con el que empezó un célebre poema su amigo Federico García Lorca: Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes. Un poema que dice el sentimiento del que el tiempo se cumpla, y que para cumplir con él sólo puedo dejar que se diga a sí mismo. Así aquí el poema “Los jardines”, en una tarde en un jardín leído y vuelto a sentir: “Tiempo en profundidad: está en jardines./ Mira cómo se posa. Ya se ahonda./ Ya es tuyo interior. ¡Qué transparencia/ De muchas tardes, para siempre juntas!/ Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.

 

DESPUÉS DE LOS enamorados en “A pesar de todo”, de la amistad en “Los amigos”, con su primer verso espléndido (“Amigos. Nada más. El resto es selva”) y ver en su cumplirse y desarrollarse cómo esta amistad se da en las palabras, pide palabras, necesita palabras, el preguntarse por el ocaso ya desde el título del poema -que es así, con signo de interrogación, “¿Ocaso?”-, por saber sentir y ver en él también el cumplimiento de la vida. Así llega a esta conciencia este poema, así sabe desplegarla en sus versos, que son éstos: “Íntima y dúctil, la sombra aguardando aparece/ Sobre las piedras y sobre las brañas. Lo oscuro/ Se junta. ¿Fin? El silencio recibe en su alfombra/ Lo sones menguantes del mundo. Pozo de ocaso,/ Nada se pierde. La tierra en su ser profundiza”. 

 

La sección siguiente, “Aquí mismo” -la 4 de Cántico-, empieza también con un despertar, con el despertar. Así desde el principio de este Cántico y de manera reiterada en la poesía de Guillén. Acaba así el segundo poema de esta sección, titulado “Despertar” y que nos dice así este despertar en su final: “Despertar, ser, estar:/ Otra vez el ajuste poderoso”. El siguiente poema se titula “Gallo del amanecer”. También, por tanto, poema de despertar. Y de afirmación en la vida. La vida es empezar, sentir que es despertar.

 

Y DAR GRACIAS por el ser, por la aparición que es uno mismo, el regalo de ser y la vida en “Luz natal”. Empiezan, lo recuerdo, poemas espléndidos. Dar gracias también es de Guillén, como la afirmación en la vida. Sentirla como regalo. Son también cosas mías -que también siento así, y me son gratas. La vida es un regalo, ser es un regalo. La acción más grata y que más condice con la vida es la acción de gracias. Esto son estos poemas de Guillén, lo sé. Y la acción que deseamos cumplir y realizar, con la que nos sentimos bien y nos sale de manera espontánea. Nace. Dar gracias. Poemas, gracias. Las gracias a la vida. Y a la noche y al dolor y a la soledad y al olvido. Gracias.

 

*

 

LLEGA UN PÁJARO A UNA RAMA 

-y yo lo veo. En verlo hay un secreto

y una complicidad, una asunción

del vivir. He leído en un poema de Guillén

algo así, a su modo sentido y dicho.

Que yo vea al pájaro, lo contemple

y sienta ser me hace ser, me hace

libre como él. Capaz de canto.

 

“LOS NOMBRES SON los burladeros” escribí en un diálogo de adolescencia. Me encuentro a los burladeros en el magnífico poemas “Más verdad” de Guillén, y quiero poner la estrofa en que estos versos se encuentran, porque al encontrarlos, y en todos estos versos, he sentido esta afirmación de amor, de que la vida es amor: “Intacta bajo el sol de tantos hombres,/ Esencial realidad,/ Te sueño frente a frente,/ De día,/ Fuera de burladeros./ Eres tú quien alumbra/ Mi predisposición de enamorado,/ Mis tesoros de imágenes,/ Esta mi claridad/ O júbilo/ De ser en la cadena de los seres,/ De estar aquí”. Leo esta estrofa y así lo siento, y este sentimiento se completa -y que el horizontes es el amor, te invita o lleva a sentir- con la estrofa que sigue, por esto también aquí: “El santo suelo piso./ Así, pisando, gozo/ De ser mejor,/ De sentir que voy siendo en plenitud,/ A plomo gravitando humildemente/ Sobre las realidades poseídas,/ Soñadas por mis ojos y mis manos,/ Por mi piel y mi sangre,/ Entre mi amor y el horizonte cierto.// Son prodigios de tierra”.

 

*

 

DA LA LUZ EN LA PEDRERA, ALTA, EN ESTA TARDE

de poemas. Veo a la tarde en los primeros versos del poema “Santo suelo”:

“Tarde, por fin, querida en su entereza:

He aquí la ventura”. Esto me hace

seguir leyendo el poema. Pero me paro

en su lectura. Ya lo leeré otra tarde,

y como primer poema, mi ánimo más

fresco. Es una manera de que la tarde

tenga entereza el acompañarla de poemas,

el pasarla en un jardín. Voy a disfrutar

este último rato de su aire entre los árboles,

de la luz en la Pedrera, alta. Escribo este

poema. Siento el aire, la verdad del aire.

 

Barcelona, 2 de octubre de 2022

 

*

 

LA TARDE EN EL JARDÍN. TIEMPO DE PAZ,

tiempo de ti.

 

ESTOS POEMAS MAYORES de Guillén, que leo en un jardín -y hay un acorde en ello, y con ellos, en que esto sea así (o así sea). Tanto me llegan, tanto me dicen, como tanto son. Pueden ser nuevos. Pero voy a poner aquí algunos versos que había subrayado en una antigua lectura del poema “El infante”, para que se vea -pues creo que lo puede mostrar, cómo y porqué me acompañan. Son éstos: “Vivir que sólo en más vivir se sacia”; “Es mucha la alegría entre las manos”; “Nada es feo/ Para quien con amor mirando escucha”.

 

INTERRUPCIÓN DE POEMA por la contemplación de un pájaro. El poema es “Vida extrema”. Un poema espléndido, recordado. Veo que empieza con la tarde. Aquí, en esta tarde preciosa, los pájaros interrumpen los poemas. Contemplación también es vida extrema.

 

“TODO HACIA LA palabra se condensa”, leo al proseguir la lectura del poema “Vida extrema” tras interrumpirlo por contemplación de pájaro. Es todo él espléndido. Pero poco después de este verso me encuentro esta estrofa, y quiero ponerla para que nos hable de muchas cosas, y nos diga algo de lo que eleva y condensa este poema: “Poesía forzosa. De repente,/ Aquella realidad entonces santa,/ A través de la tarde transparente,/ Nos desnuda su esencia. ¿Quién no canta?”.

 

“TIEMPO AL TIEMPO o El jardín” se titula un poema sucesivo, y que es muy bello. Pienso que el título dice una verdad: que el jardín, estar en un jardín, da tiempo al tiempo, le deja ser. Y tú sientes que así es. De ahí el recogimiento, la paz, la libertad.

 

UNOS VERSOS DE “Más esplendor” pueden decir la intención del poeta, y hacerla valer: “El alma se desliza por su cauce/ Con gozo de caudal./ A través de este gozo, el mundo se despoja/ De su desorden”.

 

LEO ESTOS VERSOS en “Noche del caballero”, y me gustan, porque dicen bien a este caballero que el poema recrea y canta, a Don Quijote, de un modo que me parece muy verdadero pero que hay que saber percibir y sentir así. Dicen así estos versos: 

 

Nadie pudo en el día,

En los días de luz acostumbrada

Dulcemente a ser norma,

Adorar como él,

Esperanzado siempre,

El rumbo del vivir inmarcesible: 

Afán de más fragancia en el tomillo,

De relieve en el monte que la esparce,

De amplitud en el viento allí más ancho,

De persistencia en quien

Lo aspira, lo comprende.

¿No es más apto el ingenuo,

El siempre dadivoso

Para acoger impetuosamente

Los deseos del orbe

Tras esa invitación

Que aguza todo ser desde su espera,

Forma ofrecida por el simple objeto,

Pulso del animal,

Vocablos, radiaciones, oleajes?

 

TAMBIÉN LA ESTROFA final del poema -todo él espléndido- dice al caballero en su verdad, y en su auténtica dimensión, en su secreto -el secreto de ésta. Así acaba el poema:

 

Un aire amante abarca la espesura.

De aquel oreo por el verde surge

Seguridad de territorio amigo.

En el frescor se acerca una inminencia

De anchuras hacia espacios despejados.

Agua, más agua, siempre sucediéndose,

Persiste en ser tesoro y se derrocha.

Late lo más oscuro con su cielo.

Allá va, prado arriba, disparada,

La vocación de un hombre más que hombre.

 

Barcelona, 3 de octubre de 2022

 

*

 

PÁJAROS EN LA TARDE, EN EL AIRE

de la tarde, en el jardín. Para 

seguir leyendo Cántico. Para 

que cántico sean las cosas, así

las sientas. Tal poemas.

 

LEO EN “AMISTAD de la noche”, poema último de esta cuarta sección de Cántico: “Cada vez está más cerca/ De mi atención el constante/ Cantar que no es un cantar./ El instante/ Se resuelve en una voz”. He de seguir el poema, terminarlo, y también el libro en su final sección que sé espléndido. Pero estos versos me susurran algo, algo casi secreto, para sentirlo en el aire de la tarde. En un jardín.

 

…”DE TAL BONANZA/ Que entre lo oscuro y las cosas/ Pone amor” leo en el primer poema de esta última sección de Cántico, titulada “Pleno ser”, que es “Mundo en claro” y empieza con él -con este poema- esta sección otra vez, también con un despertar. Y estos versos como raíces de una intención, de un propósito, también de una manera de ser. Así los siento al encontrarlos.

 

EL DESPERTAR, Y con él, acompañándole, al empezar, el día, sus ganas de vivir, sus promesas y sus esperanzas, que dicen estos versos:

 

Con resplandor y rumor,

Invasores, avasalla

Siempre el día. ¡Qué temprano

Suena a calles estrenadas

Otra vez! Vuelve a vivir,

A esperar la luz humana,

Enamoradiza ya

Por balcones y fachadas.

 

“SÓLO AMOR RESPONDE a mundo” leo más adelante en este poema, en un verso que siento que además de esto -verso- es ya divisa, fundamento. Piedra angular. Y en efecto lo es de la construcción de los versos en que se asienta, que dicen este Cántico de Guillén, la respuesta, la afirmación y el canto que es: 

 

¡Claridades entrañadas!

Sólo amor responde a mundo.

Aunque afine su maraña,

No luce el mal. ¡Laberinto

De callejas! Mundo es plaza:

Plaza con sol donde el viento,

Soleado, se remansa.

¡De día!

               Vuelve a su luz

Inmortal, a esta diaria

Tensión de amor el prodigio

Del mundo. Amor: escala,

Única tal vez, a vida

Sin término -si no engaña

La promesa irresistible

De tanta luz aliada

Cuando los brazos se juntan

En una gloria inmediata.

 

*

 

EMPIEZA EL POEMA “Plaza Mayor”: “Calles me conducen, calles./ ¿Adónde me llevarán?”. Y termina así el poema: “De pronto, cuatro son uno./ Victoria: bella unidad”. Pienso que la victoria de este sentimiento de belleza y de unidad que Guillén dice con este poema de la Plaza Mayor -que ella despierta, es- puede decirse, podemos decir de este libro, Cántico. Que esto es en la poesía y el sentir y el canto de la vida: Plaza Mayor. Pienso y sé que he escrito sobre el sentimiento de plaza, y le he dado vueltas. Ahora lo encuentro de nuevo, unido a Guillén, sugerido desde uno de sus poemas para que diga a su poesía. Y la signifique.

 

Y DESPUÉS DE esta exaltación de la unidad, dicha como belleza y como victoria, en el poema siguiente, “El aparecido”, también la sorpresa constante en el cantar, el asombro, el que venga a él lo que venga y no sabemos y no pensábamos y nos buscábamos. Estas cosas -y otras, y más- dicen los versos finales de este poema:

 

Asombro de ser: cantar, 

Cantar, cantar si designio.

¡Mármara, mar, maramar!

Confluyan los estribillos.

        Los azules se barajan,

        Cielos comunicativos.

Siento en la piel, en la sangre

-Fluye todo el mar conmigo-

Una confabulación

Indomable de prodigios.

 

¡Mármara, mar, maramar,

Y ser y flotar -y un grito!

 

*

 

EL POEMA “ÁRBOLES con viento”, que leo entre árboles, en este jardín, unos árboles en los que tantas veces me fijo cómo los mueve el aire. Que digan lo que dicen -y pueden decir- los versos finales de este poema:

 

¡Árboles! Y más poder

Les da el tiempo, que al pasar

Atesora una vejez

Por encima de los hombres,

Tan humildes a sus pies.

 

*

 

“LAS DOCE EN el reloj”, el poema de la plenitud, como otros de Guillén, y cómo en él se nos dice que has de ser tú -yo, él- quien la sepa sentir, de tal modo que esta plenitud es para ti -y la puedes por esto cantar. Así siento nos lo dice el poeta en estos versos del célebre poema -célebre quizá más por otras cosas, pero en el que está y encuentro este elemento, fundamental-:

                                         Era yo,

Centro en aquel instante

De tanto alrededor,

Quien lo veía todo

Completo para un dios.

 

*

 

EL AZUL, EL azul que hemos visto dicho, sentido y pensado por otros poetas, así de alto en estos versos en el siguiente poema, titulado -precisamente- “El cielo que es azul”:

 

Azul que es poder, azul

Abarcador de la vida,

Sacro azul irresistible:

Fatalidad de armonía.

 

*

 

Y LOS VERSOS finales del poema, que dicen la ascensión y elevación que hay en la poesía de Guillén, y que hay en la pureza, y que por eso la buscamos y la necesitamos y no la hemos perdido, y llegarnos a ella, lograrla, es de verdad ser:

 

Todo en el ardor va a ser,

Amor, lo que más sería.

¡Ser más, ser lo más y ahora,

Alzarme a la maravilla

Tan mía, que está aquí ya,

Que me rige! La luz guía.

 

*

 

Y EL SILENCIO, la aspiración al silencio, la paz que es, el fondo que necesitamos y también somos y es Dios, y está así -así lo veo, siento- en estos versos del poema “Arena”, uno de los que forman el conjunto “Nivel del mar”, y me agrada por todo ello muchísimo en él encontrarlos:

 

       ¿Paz?

                  Y una ola

Pequeña cae sin ruido

Sobre la arena, suave

De silencio. ¡Qué alivio,

Qué sosiego, silencio

De siempre, siempre antiguo!

Porque Dios, sin edad,

Tiene ante sí los siglos.

Sobre la arena duran

Calladamente limpios.

Retumbe el mar, no importa.

El silencio allí mismo.

 

Barcelona, 4 de octubre de 2022

 

*

 

LA LUNA SOBRE EL CIELO DE LA CIUDAD.

También es luna. Es esperanza. Me avisa

de su presencia mi madre, cuando la ve

al cerrar el balcón. Sí, da esperanza.

Días de trabajos, médicos, agobios. Días

sin tardes de jardín. Mandar mi primer libro

publicado en Italia, mañana el texto

en que se da a conocer a través mío

a Màrius Torres desde Milán, que he

recibido esta tarde, camino de un médico.

Tareas y obligaciones pendientes recobradas.

Quizá mañana haya tarde de jardín, si el tiempo

lo permite -hay buen tiempo y nos deja-. Días también

sin lectura de poemas. Dejé los de Guillén en un poema querido,

pues pensé que retomaría la lectura en él. Es bonito y es bueno

leer Cántico en un jardín. Porque le corresponde. Quizá lo acabe 

en este jardín al que vamos

una de estas tardes, o una mañana, o lo acabe

en casa, en un rato de calma, y dentro de casa

los poemas me hagan de jardín, de aire

libre. Aire Nuestro. Así sea.

 

Barcelona, 6 de octubre de 2022

 

*

 

“LA TARDE QUE te rodea,/ Bellísima, rigurosa,/ Dispone a tu alrededor/ Penumbra, silencio, fronda”: estos son los versos iniciales del primer poema –“Encanto”- de los que forman el conjunto “La isla”, y al leerlos, al llegarme de nuevo en el sentimiento que son, allí me quedé, en espera de otro día, a ser posible otra tarde, a ser posible -también- de jardín. Porque en un jardín los leía y me volvían a llegar. El último verso es para mí casi encantatorio. Así que quise retomar la lectura de Guillén aquí. No puedo hacerlo ya en un jardín. Es por la tarde, sí, pero estoy en casa, ya que ha sido y es día de lluvia. De pronto se van las tardes buenas, que a la plenitud y a la paz convocan. Pero las buscamos y las tenemos dentro. Y las buscamos y recordamos en la poesía. Esta mañana he mandado un mensaje para difundir mi prosa en torno a Màrius Torres publicada en Milán. He titulado el mensaje “Màrius Torres desde Milán”. Porque me agrada que a través mío se difunda desde este foro del hispanismo internacional. Así se lo decía ayer por la tarde casi noche a su actual directora, Patrizia Spinato Bruschi. Este texto es en torno a Màrius Torres, sí, así me ha salido decirlo y he dicho bien, pero también da testimonio de lo que de verdad es la poesía. Cómo nos llega, cómo la sentimos. Cómo se da. Es testimonio de esta busca y esta presencia, de su aparición. He buscado a la poesía también este verano en los volúmenes de Aire Nuestro de Guillén. Quiero leer ahora los poemas finales que me quedan, sabiendo que me espera también en ellos esta aparición y esta búsqueda -penumbra, silencio, fronda-, y también que no termina. Que es una invitación abierta siempre. Sé que son poemas queridos. El aire sopla en el espíritu. Es el de la poesía.

 

*

 

A VECES -¿POR QUÉ, MEMORIA,

Te apiadas?- en una tregua

Vuelve al corazón el gozo

De aquellas tardes más lentas.

 

Por ventura alguna imagen

Da serenidad. Y mientras, 

Dulcemente se remonta,

Se me escapa. Ya es leyenda.

 

Las dos estrofas iniciales del segundo poema de “Su persona”. La leyenda se persigue, se sueña. Puede hacerse presencia. Lo dicen los versos siguientes: “Apunta una sensación/ De carnación”. Y en la siguiente estrofa: “Lo inasequible a los ojos/ Con tal arte se revela/ Que envuelve en un falso estío/ Para sofocar de veras”. Hacer presencia, sentir las cosas o las tardes en su verdad, la vida toda en los poemas. Gracia de vida extrema, poesía. Pero también la serenidad y la paz. De las tardes. Penumbra, silencio, fronda.

 

ESTO PIENSO, SIENTO. Y leo en el poema que sigue: “Vivir es gracia concreta./ Su imagen, no. ¡Su persona,/ Su persona! Me avergüenza,/ A rastras de mi ilusión,/ Este escándalo de niebla. /(La tarde es limpia)”: los versos de un poema pueden apuntalar lo que sentimos, ahondar en su verdad y así certificarla como tal. Y al final el deseo que comparto, en perfecta, altísima expresión: “Quiero toda la adorable/ Desigualdad imperfecta/ De las cosas que así son,/ Misteriosamente densas/ De sí mismas: su tesoro guardan.// ¡Quién las mereciera!/ ¡Quién mereciera su amor:/ Volumen, forma, presencia”.

 

LA PRECIOSA ENSOÑACIÓN de Machado –“Álamos con río”, cómo dice la vida y su sorpresa espontánea y siempre a punto de darse “Callejeo”. Tanta mañana en este Cántico, el constante despertar como principio, pero también -porque es verdad, y está en la vida y en las cosas y en el alma del hombre- saber sentir la oscuridad, la oscuridad y el silencio, el misterio y el temblor de la noche, que es el del planeta. Esto dice -y no termina en su decirlo- “Noche planetaria”: “Silencio. ¿De tiniebla?// A estas horas lentísimas/ Sólo en la noche queda/ Vacío en vibración/ Última de existencia/ Para quien, sin dormir,/ Desde su lecho a ciegas/ Siente la oscuridad/ Como una polvorienta/ Pululación en torno,/ Que al oído rodea/ De un susurro en el límite/ De la noche y su niebla/ De realidad, ahora/ Más que nunca ligera,/ Cuando lo más desierto/ Se resuelve en materia/ Posible de Infinito,/ Y ya casi resuena/ Con nada que lo es todo.// Silencio// de planeta”. Y luego la luna, en “Esta luna”, la luna perseguida por mi madre y por mí, sabida sentir aquí también al final de este poema en su aparición. Y como la verdad que es. Y “El aire”: “Y la vida, sin cesar/ Humildemente valiendo,/ Callada va por el aire,/ Es aire, simple portento.// Vida, vida, nada más/ Este soplo que da aliento,/ Aliento con una fe:/ Sí, lo extraordinario es esto.// Esto: la luz en el aire,/ Y con el aire un anhelo./ ¡Anhelo de transparencia,/ Sumo bien! Respiro, creo”. Qué no dicen estos versos, qué no llegan a decir -y qué pueden decir más. Y las estrofas finales del poema: “La realidad, por de pronto,/ Sobrepasa anuncio y sueño/ Bajo el aire, por el aire/ Ceñido de firmamento.// El aire claro es quien sueña/ Mejor. ¡Solar de misterio!/ Con su creación el aire/ Me cerca: divino cerco.// A una creación continua/ -Soy del aire- me someto./ ¡Aire en transparencia! Sea/ Su señorío supremo”. A este cerco del aire hecho creación, a este señorío supremo sentimos en los poemas, porque en los poemas se encarna. Así los versos finales del poema III de “Cara a cara”: “Yo me compongo/ Para mi soberanía/ La paz de un islote propio.// ¿Quién podría arrebatarme/ Tal libertad? No hay estorbo/ Que al fin me anule este goce/ Del más salvado tesoro”. Sentir la música, el acorde, que se haga poema: “¡Que se quiebre en disonancias/ El azar! Creo en un coro/ Más sutil, en esa música/ Tácita bajo el embrollo.// El acorde -tan mordido,/ Intermitente, recóndito-/ Sobrevive y suena más./ Yo también a él respondo.// En su entereza constante/ Palpo el concierto que sólido/ Permanece frente a mí/ Con el arco sin adorno”. Así lo dice en el poema V de “Cara a cara”. Y éstos son los versos finales: “Mi defensa es el cristal/ De una ventana que adoro”. Cristal ya ventana la poesía, sentir desde ella el mundo, saberlo sentir como dicen los versos finales de este último poema de Cántico: “Yo soy merced a la hermosa/ Revelación: este Globo./ Se redondea una gana/ Sin ocasos y me arrojo/ Con mi avidez hacia el orbe./ ¡Lo mucho para lo poco!/ Es el orbe quien convoca./ ¡Tanta invitación le oigo!/ El alma quiere acallar/ Su potencia de sollozo./ No soy nadie, no soy nada,/ Pero soy -con unos hombros/ Que resisten y sostienen/ Mientras se agrandan los ojos/ Admirando cómo el mundo/ Se tiende fresco al asombro”. Tendernos frescos al asombro, que el mundo se tienda ante él, ante nuestro asombro, y seamos invitación a la vida. La poesía la vida. La dedicatoria final de amistad, que cierra la maravillosa dedicatoria inicial a la madre. Regalo del ser, el lenguaje, la amistad, sí. Tenderse al asombro a través de los poemas de un Cántico, sentirlo mientras los acompañamos. Sentir que el aire es nuestro. El aire, la libertad, la vida. De la poesía, del canto. También del cántico.

 

Barcelona, 7 de octubre de 2022

 

CODA

 

Leo ayer por la tarde los poemas que me quedaban de Cántico y termino el libro. Que no acaba. Al que siempre se puede volver. Veo el libro de Escritos de Chillida y recuerdo cuánto me acompañó y el testimonio de aprecio que da de Guillén y de unión vital con él. Y que muchos pensamientos suyos me acompañaron. Pero este testimonio sobre el poeta es de un especial valor y una especial entidad. Lo recordé en mi intervención en Bergamo, en la Universidad, el día siguiente de encontrarnos en Milán con Giuseppe Bellini. Porque yo citaba en mi intervención sobre Felisberto Hernández su tajante afirmación “Yo soy un fuera de la ley”, que predicaba del artista -decía que de él debía y podía predicarse-, y no sé cómo, quizá por agradarme muchísimo, hablé de su aprecio por la poesía y por Guillén y de este precioso testimonio que de él dio. Cómo, al releer Cántico para ilustrarlo, se encontró con el verso “Lo profundo es el aire”, y sintió que ese pensamiento también era suyo. E hizo una serie de esculturas con este verso como título. Creo que lo he recordado en algún poema más reciente. Pero lo dije aquel día en la Universidad de Bergamo. Quizá esto también me hace recordar los Escritos de Chillida y pensar en leerlos, aunque ya me había asomado este deseo en otros momentos. Por lo que me gustaron y acompañaron. En todo caso, pienso leerlos. Pero leo primero los últimos poemas del Cántico de Guillén –“El aire”, “Cara a cara”- y la dedicatoria final, y los encuentro preciosos. Hojeo un poco el libro de Chillida. En la sección final, “Cartas”, encuentro la “Carta a Jorge Guillén” en que está este testimonio que recordaba. Recordaba por ello también que le escribió una carta en que esto decía y testimoniaba. Son tres textos los que hay bajo este título, “Carta a Jorge Guillén”. El segundo es una variación del primero, y es de verdad una carta. Sucinta pero riquísima en su significación, y con palabras tan acertadas, tan profundas, tan precisas, que quiero traerla aquí. Dice el primero de estos textos: “Querido don Jorge:// Me resultan difíciles estas letras. Son de agradecimiento y admiración hacia un amigo, gran artista, poeta pleno y maestro. Yo, como aprendiz de plenitudes que soy, le escribo desde el asombro y el reconocimiento, motores de mi obra, lugares ambos de carencia pero de impulso hacia lo pleno que usted conoce”. Y luego hay este testimonio precioso en que cuenta su encuentro con este verso magnífico, y el sentimiento de unión ante él entre su trabajo y el suyo. Me he referido a él, y aquí lo encuentro de nuevo. Pienso que me agrada cerrar como una coda a mi lectura de los volúmenes de Aire Nuestro este verano, y que he terminado ayer por el primero, Cántico, con este testimonio de Chillida sobre él. Éstas son las palabras del artista vasco -no quiero glosarlas ni comentarlas más, sino que ellas se digan por sí mismas. Aquí, sí, un testimonio al que a veces me he referido, pero en las palabras con que está dicho. Este sentimiento de unión, a veces, con otra voz. De encuentro. La magia del arte, de su aventura y ventura en la vida: “La muerte del poeta español Jorge Guillén me produjo mucha tristeza. Quise hacerle un homenaje, pero no podía encontrar el camino. Quería algo de Guillén en mi trabajo, pero no algo escrito; buscaba algo del espíritu de Guillén, así que comencé a releer sus poemas. Estuve por lo menos semanas sentado releyéndole, cuando de repente leí (encontré): “Lo profundo es el aire”. Entonces pensé que esta frase era suya, pero también mía. He hecho unos once homenajes a Guillén, en alabastro, en piedra y en acero. Lo que hago es penetrar dentro y comunicar con el espacio de dentro. Cojo un bloque de material y pongo el espacio dentro de él. La poesía de Jorge Guillén tiene una gran influencia en mi idea del espacio, especialmente el poema Cántico, en el que escribe: “Lo profundo es el aire”, una frase clave que une su trabajo y el mío”.   

 

Barcelona, 8 de octubre de 2022

 

fotografia de Santiago Montobbio.

Santiago Montobbio. Barcelona, 1966. Publicó por primera vez como poeta en la Revista de Occidente en 1988. Al recibir su primer libro, Hospital de Inocentes (1989), Juan Carlos Onetti escribió: “Muy pocas veces me produce alegría contestar a los autores que me envían sus obras. Este es un caso distinto. Me hace feliz escribirle porque su libro HOSPITAL DE INOCENTES es muy bueno y de manera misteriosa siento que coincide con mi estado de ser cuando estoy escribiendo”. También mereció el reconocimiento espontáneo de otros ilustres autores, que destacaron la belleza, fuerza y hondura de esta poesía: así, Camilo José Cela encontró “tan hondos y hermosos” los poemas, y esto escribieron Ernesto Sabato (“Son magníficos”), Miguel Delibes (“Envidio la fuerza de su verso”) o Carmen Martín Gaite (“me han conmovido extrañamente. Porque salen de un pozo muy oscuro y verdadero”). Ha publicado también Ética confirmada (1990), Tierras (1996), Los versos del fantasma (2003), El anarquista de las bengalas (2005), en la colección Biblioteca Íntima de March Editor, finalista del Premio Quijote 2006, que concedía la Asociación Colegial de Escritores de España al mejor libro publicado en el año mediante votación de sus socios, y Absurdos principios verdaderos (2011), también en Biblioteca Íntima. Ha colaborado en las primeras revistas de España, Europa y América, y ha sido traducido al inglés, francés, alemán, italiano, danés, portugués, rumano, albanés y holandés. Es autor de un libro de arte con el pintor Lluís Ribas, Els colors del blanc (2008). Se han editado dos antologías de su poesía en Francia (Le théologien dissident, Paris, 2008, y La poésie est un fond d’eau marine, Paris, 2011), una en Brasil (Donde tirita el nombre/Onde treme o nome, Sao Paulo, 2010) y otra en los Países Bajos (Desde mi ventana oscura/Vanuit mijn donkere raam, Deventer, 2016). El año 2009, después de veinte años de silencio, volvió a escribir poesía con gran intensidad, exactamente un conjunto de 942 poemas, que se ha dado a conocer en una tetralogía en la histórica colección El Bardo –La poesía es un fondo de agua marina (2011), Los soles por las noches esparcidos (2013), Hasta el final camina el canto (2015) y Sobre el cielo imposible (2016)-, y a ésta se han sumado con posterioridad los libros La lucidez del alba desvelada (2017), La antigua luz de la poesía (2017), Poesía en Roma (2018), Nicaragua por dentro (2019), Vuelta a Roma (2020), De infinito amor (Cuaderno del encierro) (2021) y Los poemas están abiertos (2023). La hispanista brasileña Ester Abreu Vieira de Oliveira ha publicado un libro dedicado a su obra poética, con un estudio de la misma y también una antología de su poesía en edición bilingüe castellano-portugués: A arte poética de Santiago Montobbio (Análise e Traduçao) (Editorial Opçao, Brasil, 2017). Su vasta obra poética ha obtenido una difusión, un reconocimiento y una trascendencia internacionales. A su labor de creación le acompaña y corresponde, desde sus inicios como escritor, una labor como ensayista y articulista. También desde el principio, escribe poesía y prosa, cauces de expresión que se entrecruzan y dialogan entre ellos en su trabajo de escritor. Santiago Montobbio publicó en la colección Biblioteca Íntima de March Editor los libros El anarquista de las bengalas y Absurdos principios verdaderos, en 2005 y 2011, respectivamente, y en 2024 publicó el libro Días en Venecia en Nueva Biblioteca Íntima de Ònix Editor, que la continúa, y ahora también este nuevo libro, La libertad de la poesía, con el que prosigue su colaboración con esta colección.

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