Cultura

Poemas | Daniel Calméls

Foto de Francisco Ghisletti na Unsplash

LOS  ARTISTAS  VELAN

 

“Esta molestia de sentir

que uno depende de su propio cuerpo” 

                          Antonin Artaud

 

 

En la vida de los antiguos héroes

la herida infaltable rondaba los cuerpos.

Fue en Vulcano y en Edipo

la triste pierna desvariada.

En Sigfrido el hombro herido

para temer la palabra muerte.

En Sansón la pérdida indolora.

Y en Aquiles la ley del talón

lo convino a apaciguar su destino.

 

Pero hubo otros más cercanos

que defendieron el derecho de soñar

aun a costa de detener con el cuerpo

las oleadas feroces de tristeza:

Fue la pierna de Rimbaud

rodando en un quirófano de Marsella,

la mano de Cervantes

multiplicándose en la escritura,

Quevedo riendo de su cojera

con “una pata torcida para el mal”,

los ojos de Borges

imaginando láminas de colores pálidos, 

Beethoven, con una varilla entre sus dientes,

comiéndose las vibraciones

que los oídos se negaban a tragar,

Toulouse Lautrec desde su espalda corva

viendo las narices más bellas,

y la oreja de Van Gogh

enterrada en un paño de limpiar pinceles.

 

Fijman con las sienes golpeadas

mientras grita: “Yo soy el Cristo Rojo”.

Baudelaire con la voz agónica

mientras escucha de la boca materna

un glosario de primeras letras

para una lengua antigua y herida

en la caverna húmeda de su boca,

y Antonin Artaud, cargando de fuego las palabras

hasta explotar de incomprensión.

Desde el fondo de un lujoso salón,

mientras camina al encuentro,

el joven Milosz recuerda con terror 

que tiene padre y madre

e ignora de la bala que intentará olvidarlos. 

 

“Si me mato no será para destruirme

sino para reconstruirme”

                                    Antonin Artaud

 

 

Hubo otros, que apuraron el destino de un solo trago:

Gérard de Nerval colgado de un farol

con los bolsillos llenos de palabras.

Hemingway, en su último aliento,

apoyando su lengua en la boca de un fusil.

Lugones tropezando en la única mesa de la pieza de un  recreo

con la boca llena de veneno para hormigas,

tan cerca de un río llamado tigre.

Y Pizarnik, envuelta en su sábana

como en una bandera,

apoyando su boca pintada

en la de una muñeca sin sonrisa.

Quiroga sobre sus cuentos y en la selva

apurando los ácidos del estómago

única defensa ante la muerte.

Y Alfonsina arrepentida en el último instante

queriendo desandar sus pasos,

empujando con su pecho el mar. 

 

“De pronto la palabra adquiere 

la dimensión del gesto“

                          Aldo Pellegrini

 

Otros, arrancados salvajemente de las letras

con las palabras puestas:

Haroldo llevado a un país

donde ningún árbol se llama con nombre de mujer,

y Miguel Ángel Bustos

ganándole el juicio a la razón más bella,

y Paco y Rodolfo

bajo la lluvia voraz del Eternauta

encontrando las puertas cerradas para siempre.

 

De cuerpo presente

los artistas velan,

para que el dolor se ilumine de esperanza.     

 

                             (de “Marea en las manos”)

 

*

 

MARFILES   

 

Desprendimientos,

pequeños sabios de leche,

cautivos, temblorosos, 

cuerpo fuera del cuerpo.

 

En la noche

la mano bajo la almohada

tocando el nudo del pañuelo.

Dura la tela encerrando al diente perdido

y la boca desafinada, tironea de la punta de la sábana.

La noche convoca a los ratones

que no sólo se comen 

las lenguas de los niños mudos,

sino que mudan los dientes a su cueva

que tiene un portal como una boca.

 

Al otro día, cuando el pañuelo 

deshace la mañana en un bostezo

un billete doblado que da pena

aligera el nudo del recuerdo.

 

                 a Rocío Calmels

 

                 (de “Marea en las manos”)

 

*

 

ABISMOS  

  

 

Julieta sabe

de los diarios que huelen a tinteros abiertos

y a baldosones terminan los días de lluvia.

Sabe que envejecen los globos en una sola noche,

sabe del muñeco de yeso

amanecido en las aguas del fuentón,

pero cómo explicarle

la rama rota del limonero.

 

                      a Julieta Calmels

 

                        (de “Marea en las manos”)

 

*

 

LA CUCHARA

 

La cuenca de la mano fue primero

aquietado lecho para el agua

laguito en vuelo hacia la boca. 

 

Luego la cuchara, 

que no corta que no pincha, 

la que congrega la inconstancia de los líquidos, 

la que reúne y vuelca. 

El más pacífico de los cubiertos

toda curvas redondeos

hecha para el roce de los labios

la cuchara nos deja 

                  con la boca abierta.

 

               (de “Marea en las manos”)

 

*

 

TRAZAS

 

                                    a mis colegas de Barcelona

 

Sobre la porosa lisura de madera

se expande la harina,

que la mano ahueca como un nido.

En su lecho clara y yema unidas, juntas, confundidas.

 

Recibir en la piel la húmeda adherencia,

marcar con las yemas,

dejar ir.

 

Luego, con un palo,

se alisa la masa al grosor de un papel.

Un niño, sobre la prosa lisura

con los deberes de la lengua materna,

con otro palote, vertical y repetido,

le pone al renglón las rejas de la palabra escrita.

 

En las primeras trazas

se cocina un orden y un sentido.

Borrar con la masa y comerse las letras

son las primeras gramáticas digestivas.

 

                (inédito)

 

*

 

CATAR

 

Un niño piensa que el hombre que está tras la cámara se está escondiendo 

y responde tapándose con las manos, 

espera y mira entre sus dedos.

Luego, cuando el hombre se va,

anilla sus dedos como un diafragma de luz.

Un catalejo dactilar con la memoria fértil

fue su primera cámara.

 

      (de “El cine y la poesía argentina”)

 

Fotografia de Daniel Calméls

Daniel Calméls nació el 26 de septiembre de 1950, en Sarandí, provincia de Buenos Aires, Argentina, y reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es psicomotricista, egresado de la Asociación Argentina de Psicomotricidad en 1983, y psicólogo social, egresado de la Primera Escuela Privada de Psicología Social “Dr. Enrique Pichon Rivière” en 1986. Ha sido el fundador en 1980 (y coordinador hasta 2005) del Área de Psicomotricidad en el Servicio de Psicopatología Infanto Juvenil del Hospital Escuela General San Martín. Ha dictado cursos y seminarios en numerosas instituciones de su país y del extranjero. En el género ensayo publicó a partir de 1996 los volúmenes “El cristo rojo. Cuerpo y escritura en la obra de Jacobo Fijman” (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores), “Espacio habitado. En la vida cotidiana y la práctica psicomotriz”, “Cuerpo y saber”, “El cuerpo en la escritura”, “El libro de los pies. Memoriales de un cuerpo fragmentado I” (Primer Premio Fondo Nacional de las Artes año 2000), “El cuerpo cuenta. La presencia del cuerpo en las versificaciones, narrativas y lecturas de crianza”, “Del sostén a la transgresión”, “La discapacidad del héroe”, “Fugas, el fin del cuerpo en los comienzos del milenio”, etc. Participó en doce libros colectivos de ensayo. Colaboró con frecuencia en las revistas “Cuadernos del Camino” (como Daniel Duguet), “Generación Abierta”, “Barataria”, “Abecedario”, “Topía”, e integrando el consejo de redacción, en “Suburbio”. En la actualidad lo hace en las revistas “Cuerpo” y “El Psicoanalítico”. Un volumen reúne su narrativa breve: “La almohada de los sueños” (Buenos Aires, 2007); y en 2011, en Madrid, aparece otro, conformado por el cuento que da título a la colección, en versión infantil, con ilustraciones de Claudia Degliuomini. Poemarios editados: “Quipus” (1981, en coautoría con Patricio Sabsay y Héctor J. Freire), “Desnudos” (1984, en coautoría con Héctor J. Freire), “Lo que tanto ha muerto sin dolor” (1991; Faja de Honor Leopoldo Marechal, en 1992), “El cuerpo y los sueños” (1995), “Estrellamar” (1999, prosa poética; Primer Premio Rodolfo Walsh – Derechos Humanos, otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Secretaría de Derechos Humanos, en 1996). En 2005 la Editorial Colihue da a conocer su antología poética personal “Marea en las manos”. Inéditos permanecen más de diez libros de ensayo de su campo profesional, además de “El derecho de crear”, ensayo sobre literatura, y el poemario “Amaramara”.

 

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