Cultura

Ensayo sobre la tristeza: parte I | Federico Rivero Scarani

Melancolia I gravura - Albrecht Dürer1514

“Al fin de todo, yo no soy un pensador, soy un mero cuentista, un mero poeta. Bueno, me resigno a ese destino, que ciertamente no 

tiene por qué ser inferior a otro”. 

Jorge Luis Borges

 

PARTES: 

 

  • Definición de “tristeza”. 
  • La tristeza para la Filosofía, (algunos aspectos). 
  • La tristeza para la Psicología y la Psiquiatría, (acercamientos). 
  • La tristeza en la Literatura, (ejemplos en obras literarias). 
  • La tristeza según La Biblia, (ejemplos en el Antiguo y Nuevo Testamento). 
  • El silencio de los “tristes”. 
  • ¿Un ensayo? 

 

  1. Definición de “tristeza”.

 

La palabra “tristeza” deriva del latín: “tristitia, ae”, femenino singular de la Primera Declinación que significa /tristeza/, /aflicción/, /mal humor/, /dureza/, /severidad/. También hay un adjetivo de primera clase en el latín que es: “tristiculus, a, um”, (las terminaciones son en masculino, femenino y neutro singular), que pasa a designar /algo triste/. 1   

 

Para el “Nuevo Diccionario Etimológico Latín – Español y de las voces derivadas”, Quinta Edición. Santiago Segura Mungía”, “tristitia, ae” significa /tristeza/, /aflicción/, referidas a cosas. En cuanto al adjetivo “tristiculus, a, um”, (diminutivo del adjetivo “tristis”) posee como acepciones las siguientes expresiones: /un poco triste/, /algo triste/. 2 

  

Para el Diccionario de la RAE, el término “tristeza” se define de manera concisa como: f. Calidad de triste. Este sustantivo remite al adjetivo “triste” el cual contiene un desarrollo semántico más extenso. Es así como es definido: Afligido, apesadumbrado. // De carácter o genio melancólico //. // Que denota pesadumbre //. // Funesto, deplorable //. // Doloroso, difícil de soportar //. 3 

 

El campo semántico en el latín y el español de los sustantivos “tristeza” y de los adjetivos “triste” comparte expresiones similares y sinónimos: aflicción, afligido, apesadumbrado, algo triste, que denota pesadumbre. Sin lugar a duda, estos se refieren a un sujeto o persona que padece de esas emociones. 

 

  1. La tristeza para la Filosofía, (algunos aspectos).

 

René Descartes realiza una aproximación a la definición de “tristeza” asegurando que: 

“La tristeza es una languidez desagradable, en la cual consiste la incomodidad que el alma recibe del mal o de la falta de algo que las impresiones del cerebro le presentan como cosa que le pertenece. Y hay también una tristeza intelectual que no es la pasión, pero que casi siempre va acompañada por ella”. 4

  

La palabra “languidez” es definida por el diccionario de la RAE como: f. flaqueza, debilidad. // Falta de espíritu, valor o energía. 5

 

Estas acepciones del término “tristeza” son inevitablemente pesimistas. La tristeza sería esa emoción que siente la persona cuando se encuentra ante algún mal. Además, para el filósofo, esta emoción se particulariza por la debilidad espiritual, por la carencia de valor, moral o intelectual, y la falta de energía anímica. Hay dos aspectos en esta primera definición de Descartes: 1- espiritual, donde el “alma” es víctima del “mal”, y 2- racional, por la carencia que “las impresiones del cerebro” no le brindan a esa “alma” como una sustancia que le pertenecería por naturaleza. 

 

La idea sobre el “mal” necesariamente surge de una escala de valores que el pensador tenía adquirida; esa “incomodidad” que conmueve a la sustancia inmortal del ser humano, se aprecia como un desajuste vital y existencial producido por el “mal”, que sería aquello que “se aparta de lo lícito y honesto”. 6  

 

Esa emoción llamada “tristeza” surge como consecuencia inevitable de “algo malo”; ¿y qué sería “algo malo”? Al parecer devendría de un hecho o de un fenómeno que producirían en el ánimo aflicción, denotación de pesadumbre, si nos ajustamos a los significados proporcionados por el latín y el español. Cabe destacar, que la idea de “alma” y de “mal” es una dualidad que pertenecería, cada una, a dos dimensiones distintas y complementarias: el “alma” es parte de una dimensión interna del ser humano, una esencia eterna dentro de él.; el “mal” fluye en una dimensión externa al individuo, está más allá de este, afuera de su ser. Sin embargo, interactúan, son signos de un mismo sistema llamado vida o existencia, y confluyen en una emoción denominada “tristeza”, similar a dos ríos afluentes del principal.

 

Steiner, George, (Neuilly-sur-Seine, 23 de abril de 1929-Cambridge, Reino Unido, 3 de febrero de 2020), conocido como George Steiner, fue un profesor, filósofo, crítico y teórico de la literatura y de la cultura franco- anglo- estadounidense, especialista en literatura comparada y teoría de la traducción.  

 

Comienza su libro con un acápite de una obra del filósofo Friedrich Schelling que funciona como motivo para una introducción o prólogo: 

“Schelling, entre otros, atribuye a la existencia humana, una tristeza fundamental, ineludible. Más concretamente, esta tristeza proporciona el oscuro fundamento en el que se apoyan la conciencia y el conocimiento. Por lo pronto, este fundamento sombrío debe ser la base de toda percepción, de todo proceso mental. El pensamiento es estrictamente inseparable de una “profunda e indestructible melancolía”. 7  

 

En todo pensamiento, según Schelling, esta radiación y “materia oscura” primigenia contiene una tristeza, una pesadumbre (Schwermut) que es asimismo creativa. La existencia humana, la vida del intelecto, significa una experiencia de esta melancolía y la capacidad vital de sobreponerse a ella. Hemos sido creados, por así decirlo, “entristecidos”. Un velo de tristeza (tristitia) se extiende sobre el paso, por positivo que sea, del homo al homo sapiens. El pensamiento lleva dentro de sí un legado de culpa”. 8

  

Friedrich Schelling, exponente del idealismo en la Filosofía, y de tendencia romántica alemana, atribuía una tristeza fundamental e ineludible a la existencia. En particular, pensaba que el carácter efímero y transitorio de todo lo existente provocaba un malestar y una honda tristeza metafísica. La tristeza es una emoción humana, básica y natural, que se experimenta en respuesta a situaciones de decepción, pérdida o frustración. Se caracteriza por sentimientos de desánimo, pérdida o desesperanza.

 

Para George Steiner pensar y preguntar son, o parecerían ser, fuentes de una infinita tristeza cuya única salida es la música, el único lenguaje que hace presentir verdaderamente la inminencia de una salida. En la introducción, este filósofo ya asegura: 

“En realidad, no sabemos qué es “el pensamiento”, en qué consiste “el pensar”. Cuando tratamos de pensar en el pensamiento, el objeto de nuestra indagación se ve interiorizado y diseminado en el proceso. Es siempre algo inmediato y al mismo tiempo algo que está fuera de nuestro alcance”. 9

 

A través de la negación, se da una paradoja al usar el Lenguaje para “pensar” sobre el “pensamiento”.

 

Steiner, en el libro que se está tratando, pregunta y responde: “¿Es en realidad posible ‘pensar en línea recta’? ¿Se puede hacer que el pensamiento sea como el láser? Sólo al precio de una concentración adiestrada y disciplinada y absteniéndose de toda distracción”. Como ejemplos para ilustrar esta manera de “pensar en línea recta”, utiliza la imagen del matemático y del ajedrecista. Es cierto que el pensamiento lógico fluye en ideas, conceptos, percepciones cuando el ser pensante busca un fin, una meta, utilizando un método para abordar algún tema, o generar hipótesis y premisas; debe realizar un ejercicio mental para no desviarse del foco. Otros ejemplos para ilustrar esa manera de “pensar en línea recta”, pueden ser los que aplican el Lingüista, el Físico, el Biólogo. Sin embargo, no siempre es “lineal el pensamiento” ya que, en ese flujo de ideas, conceptos, imágenes, hay quienes manifiestan, a propósito, o de manera espontánea, un pensamiento con analogías, (cuando relaciona por semejanza cosas distintas entre sí, que pertenecen a categorías diferentes, como la metáfora, el símil, la metonimia) con el fin de analizar determinado fenómeno el cual puede contener una naturaleza de carácter científica. ¿Cuántas veces un científico utiliza una analogía para describir un hecho científico? Esta manera de pensar a través de la analogía se encuentra en variados discursos y textos como en el “habla cotidiana”, la poesía, la publicidad, el refrán, etc. Los pensamientos se repliegan, se yuxtaponen, discurren hacia “atrás”, en un pasado cuando se recuerda, y que vuelve al presente y se proyecta hacia el futuro en una constante danza de contenidos e imágenes. El pensamiento construido por el Lenguaje se percibirá a sí mismo, o no, como una construcción creada por signos lingüísticos; y un signo necesita de otro signo para significar, de acuerdo con la visión de Charles Sanders Peirce. El filósofo finaliza este capítulo con la expresión: “Una segunda causa de unzerstórliche Melancholie (de ‘melancolía indestructible’)”. Al parecer, “pensar en línea recta”, tiene sus peligros: “un riesgo de posterior agotamiento o daño mental”. Debido a esta aseveración, se produce la segunda causa de “melancolía indestructible”. Recordemos que una de las acepciones del término “triste” para el Diccionario de la RAE es: “De carácter o genio melancólico”. Más adelante nos detendremos en el origen de la palabra “melancolía”, y su relación con el concepto de “depresión” como patología psiquiátrica. 

 

En el capítulo 3 de su libro, George Steiner, continuando sus reflexiones sobre el “pensamiento”, asegura: “La suspensión del pensamiento, aun en los casos en los que interviene la locura, es simultáneamente, tautológicamente, la suspensión del ego”. En otras palabras, la locura da lugar a la suspensión del pensamiento lo que redunda en la suspensión, también, del “ego”. Parece una visión bastante discriminatoria al asegurar que, en la locura o insania, el pensamiento se “suspende” … Existen pensamientos en el esquizofrénico, en el psicótico, en el bipolar, en el depresivo, y dicho pensar da lugar a la conciencia de sí mismos, aunque contenga rasgos de delirio. De hecho, algunas personas esquizofrénicas “escuchan voces” que en ocasiones les vienen “desde afuera” de su cabeza; por lo pronto, estas personas reciben discursos, o sea, “pensamientos”, que no los consideran suyos, y, en definitiva, “piensan”. El “ego”, el “yo”, entendido como la capacidad de un sujeto al reconocerse a sí mismo como individuo y ser consciente de su identidad, en los casos de “locura”, no necesariamente es un impedimento. Hacia el final de este capítulo, el autor vuelve a servirse del aforismo como corolario: “Una tercera razón para una anklebende Traurigkeit (para una ‘tristeza que se adhiere a nosotros’)”. Esta “tristeza”, tema del trabajo, se debe a que el Lenguaje no garantiza que un mismo pensamiento no haya sido emitido antes por otras personas, y que, a la vez, no haya originalidad al pensar.

  

El capítulo 4 se centra en la relación entre Pensamiento y Lenguaje. Steiner considera que: “El lenguaje, por decirlo así, es enemigo del ideal monocromo de la verdad. Está saturado de ambigüedad, de simultaneidades polifónicas”. Y continúa: “El lenguaje trata constantemente de imponer un dominio sobre el pensamiento”.

  

Desde su óptica el Lenguaje, para el Pensamiento, resulta ser un impedimento, un tirano con muchas voces y ecos, un ente ambiguo y dominante. Si se antepone a esta visión pesimista entre el vínculo inevitable del lenguaje con el pensamiento, la perspectiva de Jean Piaget, abre un abanico de interpretación antagónica sobre dicha relación; este psicólogo estructuralista sostiene que: “Con la aparición del lenguaje, (en el niño), las conductas resultan profundamente modificadas, tanto en su aspecto afectivo como en su aspecto intelectual. (…) el niño adquiere, gracias al lenguaje, la capacidad de reconstruir sus acciones pasadas en forma de relato y de anticipar sus acciones futuras mediante la representación verbal. (…) Cuando interviene la aparición del lenguaje, el niño se ve enfrentado, no ya solo con el universo físico como antes, sino con dos mundos nuevos y por otra parte estrechamente solidarios: el mundo social y el mundo de las representaciones interiores”. 10  

 

El Pensamiento, similar a una nebulosa primigenia de gases que se irán condensando para formar un sistema solar, es factible de un proceso que le permitirá “ser”, gracias al fenómeno del Lenguaje. Y es también gracias al Lenguaje, la creación de otros lenguajes o sistemas semióticos, como el de la Matemática, el lenguaje de la Física, y de otras Ciencias Naturales. 

 

El filósofo continúa su diatriba hacia el Lenguaje considerando: “Esta fundamental antinomia entre las pretensiones que tiene el lenguaje de ser autónomo, de estar liberado del despotismo de la referencia y la razón …” 11  

 

La autonomía del lenguaje solo puede considerarse por su condición de “sistema” que posee normas y reglas para su real funcionamiento; y, que, con el devenir del tiempo, dichas normas cambian porque el lenguaje no es estático. De ahí su dependencia por el factor tiempo, masa hablante, región, etc. 

 

Octavio Paz reflexionó sobre la relación entre el Lenguaje y el Pensamiento, y estipuló: “Pero al cabo de los siglos los hombres advirtieron que entre las cosas y sus nombres se abría un abismo. Las ciencias del lenguaje conquistaron su autonomía apenas cesó la creencia en la identidad entre el objeto y su signo. La primera tarea del pensamiento consistió en fijar un significado preciso y único a los vocablos; y la gramática se convirtió en el primer peldaño de la lógica. Mas las palabras son rebeldes a la definición. 

 

Y todavía no cesa la batalla entre la ciencia y el lenguaje. La historia del hombre podría reducirse a la de las relaciones entre las palabras y el pensamiento. Todo período de crisis se inicia o coincide con una crítica del lenguaje. Todas las sociedades han atravesado por estas crisis de sus fundamentos que son, asimismo, y, sobre todo, crisis del sentido de ciertas palabras. Se olvida con frecuencia que, como todas  las otras creaciones humanas, los Imperios y los Estados están hechos de palabras: son hechos verbales”. 12

  

Este fragmento de la obra de Octavio Paz refuta con cualidad de axioma, el discurso negacionista de George Steiner que fue citado: “lenguaje (…) despotismo de la referencia …”  Luego finaliza este capítulo con la siguiente sentencia referida a las pretensiones del lenguaje: “es un cuarto motivo para la tristeza (Unzerstórliche Melancholie)”. De nuevo la idea de la “tristeza” está estrechamente ligada a las limitaciones del lenguaje en relación con el pensamiento.

 

Para ir finalizando con la Parte 2 de este ensayo, se concluye que la “tristeza” de la existencia humana para Schelling, es el motivo por el cual George Steiner escribe su “corpus”, en donde el nihilismo, el pesimismo, y un dejo de idealismo, consideran al Lenguaje como un elemento privativo, despótico y limitado que condiciona al Pensamiento, (tema central).

  

De acuerdo con su discurso, si el pensamiento resulta ser íntimo e intransferible y, a su vez, universal y aun trivial; si el pensamiento nunca puede estar plenamente convencido de la realidad de sus proposiciones ni tampoco estar seguro de evadir los límites del lenguaje; si no alcanza a conocer sus propias fronteras y, en definitiva, tampoco se puede transmitir; si el pensamiento es a la vez lo más humano e inhumano en el hombre, entonces ¿qué sentido tiene pensar? 

 

Para el autor, ni la Epistemología, ni la Neurofisiología, han podido identificar al “pensamiento” con el “ser”. Desde esta perspectiva, su discurso filosófico resulta antagonista de la idea de Descartes cuando afirmó: “cogito ergo sum”: “pienso luego existo”; es decir, que la duda es un modo de pensar, y ese pensamiento se convierte en la prueba de la existencia del “ego sum”. 

 

Luego, Steiner, reafirma: “Solamente Dios puede separarse de su propio pensamiento en una pausa esencial para el acto de la creación”. Esta premisa sugerente de carácter “gnóstico”, quizás teológico, intenta convencer de que el conocimiento y el entendimiento son “entes” aprehensibles únicamente por la Divinidad. ¿Acaso el ser humano no es el ojo por el cual se ve a sí misma la Naturaleza, y, por ende, el mismo Dios? 

 

“La tristeza, ‘eine dem Leben anklebende Traurigkeit’, diez veces”. Se traduciría como: una tristeza que se aferra a la vida. Así, con esta “oscura” expresión, finaliza el libro.

  

  1. La tristeza para la Psicología y la Psiquiatría, (acercamientos).

 

La “tristeza” es una de las emociones humanas que las personas experimentan en su vida; aunque suele considerarse como una emoción negativa, desempeña un rol importante para el momento de indicarles a las personas la necesidad de recibir ayuda o consuelo cuando la “tristeza” se manifiesta en el ánimo. Pueden surgir desencadenantes de la tristeza como el rechazo, por parte de un amigo, familiar o amante, como las separaciones, la enfermedad, el fallecimiento de un ser querido, la decepción por el resultado inesperado de un acontecimiento, por ejemplo, si se posterga el ascenso en el trabajo, o, si la persona está comprometida con el quehacer político, el resultado de las elecciones presidenciales en un país, le puede afectar negativamente dando lugar a un sentimiento de desilusión y de tristeza. Este acercamiento a la “tristeza” desde el punto de vista de la Psicología, se basa en las ideas de la psicóloga Karen Vogel, psicoterapeuta, máster en Ciencias por la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP), Brasil. 13

 

El sentimiento de “tristeza” afecta al cuerpo con síntomas que pueden ser recurrentes y que interfieren en la vida personal, social y laboral de un individuo. Se produce un debilitamiento de las emociones colaterales, una falta de energía anímica y física, un deseo nocivo de aislamiento social, y ganas de llorar. Vogel subraya que es imposible “escapar de la tristeza” durante la vida, por lo que se debe asumir y afrontarla sin evitar su presencia. “Ganamos y perdemos cosas todos los días, así que esta emoción forma parte de nuestra rutina. Lo ideal sería aceptarla y estar en contacto con ella hasta que pase“.

 

La “tristeza” suele atravesar períodos de negación, impotencia, o resignación como en el caso de un duelo; sin embargo, difiere de la depresión que es un trastorno psiquiátrico caracterizado, entre varios aspectos, por sentimientos recurrentes, (el rumeo como mecanismo que centra la atención constante hacia pensamientos negativos de forma repetitiva), persistentes e intensos de tristeza crónica y desesperanza que interfieren patológicamente en la vida diaria. 

 

En 1725, el médico inglés Richard Blackmore, denominó depresión a una patología psiquiátrica. La depresión (del latín depressus, a, um, adjetivo, se traduce como /hundido/, /rebajado profundamente/; otra etimología es: depressio, onis, tercera declinación, femenino, /hundimiento/, /descenso/). 

 

Es uno de los trastornos psiquiátricos más antiguos de los que se conoce. En un principio fue denominada melancolía (del griego antiguo, “negro”, y “bilis”: bilis negra, o, humor negro). El término “melancolía” tendría su origen en Hipócrates, y continuó usándose hasta el Renacimiento e incluso hasta principios del siglo XX como sinónimo de “depresión”. Los poetas del  Romanticismo durante el siglo XIX asociaban este concepto al estado mórbido del alma. La pintura titulada “Melencolia I” es un grabado del pintor del Renacimiento alemán Alberto Durero quien ilustra ese sentimiento con cierto estilo decadentista.

 

Continuando con las características de los síntomas de la depresión están la tristeza patológica, la pérdida de interés, y de la capacidad de disfrutar, (anhedonia es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades de la vida), también aparece una disminución de la vitalidad que limita el nivel de actividad produciendo un cansancio constante que aparece incluso después de realizar pequeños esfuerzos; otro síntoma es la abulia como un trastorno neuropsiquiátrico que se caracteriza por la falta de voluntad o incapacidad para iniciar y mantener actividades dirigidas a objetivos. 

 

Además, pueden aparecer otros síntomas, como los sentimientos de culpa o de incapacidad, la irritabilidad, el pesimismo ante el futuro, las ideas de muerte o de suicidio, (la consumación de este), la pérdida de confianza en uno mismo o en los demás, la disminución de la concentración y la memoria, la intranquilidad, los trastornos del sueño y la disminución del apetito y de la libido. 

 

Retomando la idea de “tristeza”, se puede agregar que existe una tristeza existencial que surge de la reflexión profunda sobre la vida, la muerte, el sentido de la existencia y la finitud de esta. Es común en personas que se cuestionan el propósito de sus vidas, la brevedad de la existencia humana y la inevitabilidad de la muerte. En ocasiones, esa tristeza existencial se manifiesta en obras literarias o filosóficas. Algunos síntomas suelen manifestarse como ansiedad existencial, sentimientos de vacío, desesperanza metafísica, etc.   

 

  1. La tristeza en la Literatura, (ejemplos en obras literarias).

 

Locura, idealismo, tristeza.

 

En la novela “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, el narrador, (uno de ellos), hacia el final de la obra, demostró cómo sentimientos aciagos, infaustos, tristes, melancólicos en la etopeya del protagonista, se sublimaron hacia una purga de estos dando lugar al sentido común y a la razón perdida de don Quijote.  

 

En el capítulo LXXIV se narra: 

“(…) llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque, o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del Cura, del Bachiller y del Barbero, (…) Estos, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte (…) Pero no por esto dejaba don Quijote sus tristezas.

 

(…) Fue el parecer del médico que melancolías y desabrimientos /disgustos/ le acababan”. 14  

 

Las palabras subrayadas son partes de los sinónimos del término “tristeza” de acuerdo con la definición del Diccionario de la Real Academia. Se describe el estado anímico, mórbido, del hidalgo como consecuencia de la derrota por parte del Caballero de la Blanca Luna, (capítulo LXIV); el personaje duerme durante seis días en una condición larvaria, purgándose, para luego transformarse al despertar en Alonso Quijano, el Bueno. Hay un cambio en su “ser” porque se produce una operación anímica dentro de este. Para ilustrar esta idea, citemos las palabras de Milan Kundera: “Todas las novelas de todos los tiempos se orientan hacia el enigma del yo. En cuanto se crea un ser imaginario, un personaje, se enfrenta uno automáticamente a la pregunta siguiente: ¿qué es el yo? ¿Mediante qué puede aprehenderse el yo? Esta es una de las cuestiones fundamentales en las que se basa la novela en sí”. 15

  

Una respuesta plausible para la búsqueda de ese “yo” se centraría en el conjunto de sentimientos que un personaje tendría en determinado contexto geográfico e histórico, y en relación con el estilo del creador. Un escritor crea, desde una ficción con raíces en la “realidad”, a un ser imaginario, a un “ser de papel” o al “sujeto de la proposición narrativa”. 16

  

Ese ser es el personaje que en el caso de don Quijote, el conjunto de sentimientos que lo anima, es de una gran variedad que lo hace único en la Literatura: desde la exaltación del idealismo hasta la caída propia del personaje trágico; y esta caída se conjuga en una metamorfosis moral y anímica cargada de “tristeza”, melancolía y derrota. El creador de este “yo experimental” recalca: “Pero no por esto dejaba don Quijote sus tristezas”. 

 

La sed de inmortalidad del personaje lo lleva por un periplo de aventuras y emociones en donde se relaciona con otros “yoes”, siguiendo la idea de Milan Kundera, empapados también de sentimientos; algunos se harán cómplices de la locura del hidalgo, mientras que otros se configurarán como antagonistas. En estas relaciones entre los personajes, se irá delineando la etopeya del protagonista que culminará en sus últimos días con el reconocimiento de su “racional locura” motivada por el sentimiento que se viene tratando en este trabajo: la tristeza de haber sido y de volver a ser. 

 

El amor eterno y triste en el Infierno. (“La Divina Comedia”) 

 

La “Divina Comedia” de Dante Alighieri es un gran poema lírico – narrativo cuya estructura formal se asemeja a una inmensa catedral. Es también una obra literaria que, en su contenido, así como en su forma, se configura como una extensa alegoría; esta puede definirse como un encadenamiento de símbolos que ilustran ideas abstractas en formas convencionales de imágenes las cuales representan conceptos, ideas o sentimientos alusivos con una intención estética a efectos de transmitir contenidos. Esta obra es una autobiografía poética porque en su esencia se desea mostrar un mundo visto a través de la historia de un alma, (la de Dante personaje), que representa alegóricamente a toda la humanidad y a sus posibilidades de perdición, de purificación y de salvación. Unas particularidades propias de la literatura de la Edad Media son las intenciones de “enseñar”, “conmover” y “deleitar”. De esa manera el autor, anónimo o no, pretende que los lectores o el público adquieran los aspectos didácticos de la obra disfrutando al mismo tiempo de esta.  

 

Dante en el Canto V del “Infierno” representa en el círculo segundo a los pecadores por Lujuria. El fuerte viento infernal arrastra a los condenados que allí se hallan. El castigo se corresponde con el pecado cometido en vida: la lujuria, así como en la tierra se dejaron arrastrar por sus pasiones carnales, ahora, en el “Infierno” son arrastrados por un viento que nunca se detiene; el viento fuerte simboliza a las pasiones desenfrenadas por el sexo, al deseo excesivo del placer sexual: 

“Entrábamos en un lugar que carecía de luz, y que rugía como el mar tempestuoso cuando está combatido por vientos contrarios. La tromba infernal, que no se detiene nunca, envuelve en su torbellino a los espíritus; les hace dar vueltas continuamente, y les agita y les molesta (…)”  

 

Una parte de este canto está constituida por el diálogo que sostiene Dante personaje con dos figuras contemporáneas a él que cayeron en las redes del amor: Paolo y Francesca de Rimini, amantes. El protagonista siente tanto piedad como “tristeza” por las dos almas condenadas; y debido a esto les solicita detenerse a conversar:  

—“¡Oh, almas atormentadas!, venid a hablarnos, si otro no se opone a ello”.

 

Al calificarlas de “atormentadas” se vislumbra que la “tristeza” las consume. Estas almas no solo están condenadas a ser arrastradas por el viento, sino que también lo están a tener que estar juntas, sin poder tocarse, como si ese amor las persiguiera aun después de la muerte. Y es el recuerdo de aquellos momentos felices también el que los persigue; en la Parte 6, “El silencio de los “tristes”, se tratará al recuerdo como un factor que induce a la tristeza. Sin embargo, el hecho de que estén unidas es parte de la misericordia divina que les ha permitido, en el mismo “Infierno”, continuar amándose. Dante ha sabido conectar con el sentimiento más íntimo de ellas por identificación propia. Quien habla con él es Francesca de Rimini, la mujer, porque para los poetas del Dolce Stil Novo, resulta más espiritual que el hombre: 

– “¡Oh ser amable y bueno, que vienes a visitar en medio de este aire negruzco a los que hemos manchado el mundo de sangre”!

 

El poeta se conmueve a pesar de que son almas pecadoras sufriendo en el “Infierno”. La expresión siguiente: “a los que teñimos (manchado) el mundo con sangre” resulta significativa. En primer lugar, porque la sangre también abre un par de interpretaciones: 1- en principio la de la muerte, estas almas están muertas, su sangre ha sido derramada, en forma violenta. 2- Pero también la sangre simboliza la pasión, así “teñir el mundo de sangre” es también teñir el mundo de pasión.  

 

Francesca reconoce su pecado, y al hablar se mezclan el amor incondicional y la “tristeza” de la condena eterna. Su pasión terrenal no se olvida jamás, ni en el “Infierno”, donde parte del castigo es recordar siempre lo que sintieron, una vez que lo perdieron. Mientras tanto, Paolo permanece en silencio observando. Francesca se siente desbordada de amor, y he aquí su felicidad, su miseria y su eterna “tristeza”. 

 

El Canto V va terminando con Dante personaje conmovido por las últimas palabras de la “pecadora”: “No hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la miseria”, (“Nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice ne la miseria”). En este fragmento del poema el recuerdo es la principal causa de dolor emotivo, de angustia y tristeza. 

 

Un simple gesto, bajar la cabeza, y el silencio muestra la impotencia del protagonista que debe reflexionar sobre su condición, ya que condenar a estas almas resulta de alguna manera, condenarse a sí mismo y a todo su pasado. La identificación no solo se da por el ideal amoroso, sino por el dolor y la “tristeza” que Dante conoce muy bien en relación con su amada Beatriz a la que nunca pudo acercarse más que poéticamente. 

 

Nuevamente la idea de “tristeza”, de impotencia y de aflicción, se manifiesta en otra obra clásica de la Literatura. El sentimiento de “tristeza” se puede apreciar en muchas obras literarias, como un elemento emotivo que se va construyendo como leit – motiv entre los más variados temas que el arte de la escritura aborda en las diferentes épocas de la Humanidad. 

(termina na próxima edição) 

fotografia de Federico Rivero Scarani

Federico Rivero Scarani, 1974, Montevideo-República Oriental del Uruguay.


Docente de Literatura egresado del Instituto de Profesores Artigas. Colaboró en diversos medios Uruguay como El Diario de la noche, Relaciones, Graffiti, y también en revistas internacionales como Archivos del Sur (Argentina) y Banda Hispânica.com (Brasil), Carruaje de Pájaros (México), InComunidade (Portugal), Resonancias (Francia), entre otras. Publicó un ensayo sobre el poeta uruguayo Julio Inverso (“El lado gótico de la poesía de Julio Inverso”) editado por los Anales de la Literatura Hispanoamericana de la Universidad Complutense de Madrid, España. Participó en antologías de poetas uruguayos y colombianos (“El amplio jardín”, 2004) y Poetas uruguayos y cubanos (“El manto de mi virtud”, 2011). Mención Honorífica por el trabajo “Un estudio estilístico de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca”, 2014, Organizado por el Instituto de Estudios Iberoamericano de Andalusíes y la Universidad de La Plata (Argentina). Accécit 18º Concurso José M. Valverde, 2014. Fue docente de la cátedra de “Lenguaje y Comunicación”, en el Instituto de Profesores “Artigas”.- Miembro de REMES (Red Mundial de Escritores en Español), y del sitio autores.uy. Promocionado por la “Biblioteca Nacional”, Ministerio de Cultura del Uruguay y “Biblioteca del Poder Legislativo”.


Colabora con artículos, ensayos, traducciones y poemas en diversas revistas internacionales de Latinoamérica y Europa.


Obras: “La Lira el Cobre y el Sur “(1993); “Ecos de la Estigia” (1998);”Atmósferas”, Vintén Editor (Mención Honorífica de la Intendencia Municipal de Montevideo, 1999); participó en el CD “Sala de experimentación y trabajos originales”, Maldonado 2002; “Noctambulario”, CD con poemas del autor y del poeta brasilero Rodrigo Petronio recitados por Federico Scarani, digitalizados por el poeta y perfórmer Juan Ángel Italiano, (2003); “Synteresis perdida”(2005); “Cuentos Completos” (2007); “El agua de las estrellas” (2013); “Desde el Ocaso”, (2014) editado en las páginas digitales EspacioLatino.com /Camaléo.com; “Reflejos de la Oscuridad”, (2018), autores.uy. “Amor, Barniz Gris”, JustFiction Edition, Letonia, (2019),”Este no es un otoño más “, Editorial Rosae, Montevideo, (2021), “Lesbianas”, Ed. Rosae, (2022), “Tan misteriosa como el sândalo”, Ed. Rosae, (2023).

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