Salvajes momentos
Sin duda habrás oído hablar de la montaña bendita.
Es la montaña más alta de nuestro mundo.KHALIL GIBRAN
Todas las mañanas me paraba en el balcón con un binocular y desde allí contemplaba La Mantellina, una montaña bañada de pájaros de distintos colores, donde las mariposas danzaban con las orquídeas, pero un día no salí por la mañana, sino a la hora del ocaso. Tomé el prismático, miré hacia el monte y apareció una cosa espantosa. Contemplé que, desde la cima, descendió un animal gigante, era como de dos metros de altura, tenía el pelaje de color marrón oscuro, su cabeza era de oso y sus ojos de color negro intenso.
Cuando el ser bajó por la colina, se llevó por delante arbustos, ramas, rocas, y a medida que arrancaba las cosas, sobrevolaron espantados los pájaros, las mariposas se escondieron en una cueva y las orquídeas gritaron asustadas. Lo observé perplejo, no tuve tiempo de huir, y en cuestiones de segundos, la extraña criatura llegó al balcón. Tiré al suelo el instrumento óptico, y el ser fijó sus ojos en los míos, sentí su respiración, escuché el latido de su corazón, retrocedí unos pasos e ingresé hacia dentro. Me oculté en una habitación que tenía una gran ventana, escuché sus pasos ya que había ingresado. Me agaché un poco, luego me levanté de forma sigilosa y levanté la vista. El animal percibió mi presencia, se acercó y respiró sobre el vidrio. Luego bajó hacia el primer piso de la casa.
Escuché un fuerte golpe, así que salí del cuarto. Me asomé para verlo, se encontraba echado en el suelo, cerró los ojos y movió las patas. Se durmió en un sueño profundo como si hubiera llegado de un largo viaje. De pronto, sentí que alguien me miraba, volteé para ver, pero no había nadie. Escuché en mi mente: Si alcanzases la cumbre, no tendrías nada más que un deseo: descender y estar con aquellos que viven en el valle. Por eso se llama la Montaña Bendita. De pronto, en la casa se estremeció y una voz, dijo:
—Si se despierta, cuéntale un cuento.
Elementos
A las siete de la noche, caminaba por un ancho sendero decorado por frondosos árboles. Mientras la estrella del alba contemplaba la vida mortal, yo seguía embelesado por aquel bello paisaje; me sentía como si estuviera suspendido en el aire. A mis oídos llegaron melodías de Mozart y varios versos barrocos, había ingresado en una caravana de sensaciones poseído por las extrañas esferas del sueño.
Fascinado por todos los elementos que se presentaban, llegué hasta el final del camino y salí de la quimera. En ese mismo instante, cayeron del cielo dos rocas que rodaron en el suelo. Las miré de manera curiosa. Eran de color gris plomizo, de pequeño tamaño y forma irregular. Tenía la apariencia común como algunas rocas, lo extraño era la forma que descendieron. Miré alrededor para encontrar alguna respuesta, pero no hubo ninguna. Mientras las contemplaba pensativo, sentí una brisa en mi rostro. De pronto escuché una voz apacible que dijo:
—Levanta las piedras, una es para tu favor y la otra es para tu contra, y busca en ellas los elementos.
Las miré desconcertado por unos minutos. Sin embargo, algo me impulsó a tomarlas. Cuando las tenía en las manos, la voz pronunció:
—No tengas miedo, ahora lleva una piedra a la mano izquierda y la otra a la mano derecha.
—¿Y qué hago ahora? —le pregunté.
—Busca en ellas su contenido, porque una es para tu favor y la otra para tu contra.
Apreté mi mano derecha y sentí una buena energía por mi cuerpo, era como si tuviera un poder sobrenatural. Floté hasta alcanzar las copas de los árboles. Desde la altura podía ver el suelo y las montañas que estaban tiñéndose de noche.
Comprendí que la roca que llevaba en mi mano derecha era la de mi favor, entonces me pregunté para mí mismo, «¿qué poder tendrá la otra roca?». Apreté la mano izquierda y experimenté todo lo contrario, comencé a caer, sentía debilidad. ¡Era la roca de la contra!
Realicé varias pruebas tratando de buscar lo inexplicable. Quería encontrar respuestas, verdades absolutas, y para hallarlas, apreté varias veces las rocas. «¿Serían sueños? ¿Me encontraba en algún mundo extraño?», me pregunté para mí mismo.
Sintiéndome abrumado por las reacciones de las rocas, las guardé en los bolsillos de mi pantalón azul. En ese instante, la voz se fue.
Proseguí mi recorrido por aquel extraño lugar, mientras los árboles iban cambiando en varios colores. Sentí al rato un fuerte dolor en las piernas, porque caminé bastante. Vi una roca que estaba cerca, recordé la voz que unas horas antes había escuchado. Miré la roca y me senté a descansar. De pronto, bajó del cielo un gato negro con un collar amarillo, el animal estaba amarrado de una cuerda que se suspendía de la nada. El felino se mecía de un lado a otro, parecía como si fuera a desprenderse. Estuvo así durante varios minutos hasta que se cayó al suelo.
Pensé que se había golpeado y fui en su auxilio, pero rápidamente se levantó del suelo, y en ese instante se colgó de la cuerda; luego se columpió haciendo círculos. Cuando lo vi moverse de un lado a otro, llevé mi mano derecha al bolsillo y apreté la roca. De pronto me suspendí en el aire hasta volar entre los árboles. Bajé al gato, y mientras pisaba la tierra, él se desvaneció entre mis manos dejándome su collar amarillo.
Moisés Cárdenas nació en San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, el 27 de julio de 1981. Poeta, escritor, profesor y licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura. Egresado de la ULA-Táchira. Ha publicado en antologías de Venezuela, Argentina, España, Italia y Estados Unidos. Entre sus obras:
Libro Relatos de cualquier tipo, Editorial Solaris de Uruguay, 2022. Poemario En el jardín de tu cuerpo, Sultana del Lago Editores, Venezuela, 2021. Novela de género testimonial, Los ojos de un exilio, Editorial Avant, Barcelona, España, 2020. Publicación digital, Obra poética y narrativa, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, volumen 208, BAT. San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 2018. Poemario infantil Mis primeros poemas, Ediciones Ecoval, Córdoba, Argentina, año 2015. Poemario Poemas a la Intemperie. Editorial Symbólicus, Córdoba, Argentina, 2013. Poemario Duerme Sulam. Editorial Cecilio Acosta, Museo de Barinas, Venezuela, 2007. Poemario El silencio en su propio olvido, Ministerio de Educación (IPASME) Caracas, Venezuela, 2008. Ha participado con colaboraciones literarias en Revista ADEH, Ergo, Letralia, Incomunidade, Herederos del Kaos, Diario Digital Identidad Latina Multimedia de Hartford, Estados Unidos, Poesía Alcanza, Trasdemar, Alas abiertas de Latinoamérica, Revista Virguliéresis, Tiempo de Poesía, AVPLA Revista de Poesía, Revista Athena, Almiar.
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