Cultura

Reseña del libro Pequeñas historias de terror de Ángel Beltrán | Moisés Cárdenas

Foto de Jack Prommel na Unsplash

 

Pequeñas historias de terror de Ángel Béltran

 

La literatura, cuando es verdadera, no busca la comodidad del lector; busca su sacudida. Julio Cortázar, una de las voces más lúcidas de nuestra tradición narrativa, afirmaba con acierto: “Siempre he pensado que la literatura no nació para dar respuestas (…) sino más bien para hacer preguntas, para inquietar, para abrir la inteligencia y la sensibilidad a nuevas perspectivas de lo real” (Cortázar, 2013, p. 284). Bajo esta premisa de la inquietud como motor creativo, nos adentramos en las Pequeñas historias de terror de Ángel Beltrán. Esta obra se erige como un laboratorio de lo imposible, donde lo cotidiano se agrieta para dejarnos ver lo que respira al otro lado.

 

El libro está organizado de manera que el horror gana terreno palmo a palmo, el libro despliega quince ficciones autónomas que funcionan como descargas eléctricas. La maestría de Beltrán radica en cómo su prosa, en palabras de Cervilla, “apela a la emoción primitiva del miedo y va creando atmósferas que le son propicias” (Cervilla, 2020, párr.5). Un ejemplo magistral de esta atmósfera opresiva lo encontramos en el relato “El monstruo de Castle Hawkshead”, donde la ambientación se vuelve un personaje hostil:

 

“El viento soplaba con fuerza, el frío se filtraba hasta en el último rincón del bosque, y las antorchas iluminaban el camino de todos aquellos hombres y mujeres que salieron en busca del agricultor desaparecido. Pero en sus mentes revoloteaba el deseo de encontrarse con la bestia que, estaban seguros, merodeaba por la zona para darle caza.” (Beltrán, 2026, p. 62-63).

 

El fondo de la obra dialoga con el terror naturalista y el miedo en estado puro. La narrativa de Beltrán resuena con la definición de Rehermann, quien sostiene que el terror es esencialmente el “conocimiento de una amenaza que se cierne sobre el que teme” (Rehermann, s.f. párr.4). Este conocimiento alcanza su punto más angustiante en el terror claustrofóbico de “Enterrado vivo”, donde la conciencia de la propia muerte se vuelve física y tangible:

 

“Cuando su compañero se la entregó, empezó a cavar con cuidado, no quería dañar lo que pudiese encontrar. Durante unos largos minutos no cejó en su trabajo para poder destapar lo que le había hecho caer” (Beltrán, 2026, p. 21). 

 

Esta vulnerabilidad extrema se extiende al terror biológico en “El ataque de las hormigas gigantes”, donde Beltrán describe la mutación con una crudeza visual impactante:

 

“Las hormigas salieron al pasillo, unas corriendo por el suelo y otras por las paredes aferrándose con sus seis patas. Marcos intentó gritar para llamar la atención de sus padres, pero no pudo. No le salía nada. Era como si sus cuerdas vocales no existieran. Corrió escaleras abajo, seguido por las hormigas gigantes. Cruzó el salón y fue al recibidor, pero un par de los insectos le cortaron el paso” (Beltrán, 2026, p. 17).

 

Como consecuencia, en “El fin de la humanidad”, el autor nos devuelve a la base de la cadena alimenticia: “Miré una vez más al grupo. ¿Seríamos los últimos supervivientes? Si así fuera, la raza humana estaba a punto de extinguirse. Y en la tierra se alzarían los susurradores como la especie superior o la más inteligente. Nunca imaginé que al final de todo fuese tan sencillo. Que el ser humano, como un animal cualquiera en el siglo XX o el siglo XXI, llegase a extinguirse.” (Beltrán, 2026, p. 10).

 

La voz narrativa, predominantemente en primera persona, genera una intimidad perturbadora. Beltrán maneja un lenguaje sencillo pero cargado de simbolismo, utilizando una puntuación fragmentada que imita la respiración agitada de quien huye. En el cierre de su colección, trabaja la ambigüedad moral con una frase que resume la tesis del libro: “El problema no eran los infectados. El problema era lo que quedaba de la humanidad… y de ella misma.” (Beltrán, 2026, p. 178).

 

Pequeñas historias de terror es un libro honesto, efectivo y profundamente adictivo. Logra que el lector se identifique con personajes en situaciones extremas. La portada del libro es el preludio perfecto: una invitación a mirar de frente a nuestras propias sombras y a preguntarnos: ¿qué queda de nosotros cuando el aire se agota y la amenaza se vuelve inevitable?

 

Referencia bibliográficas

 

Beltrán, Á. (2026). Pequeñas historias de terror (1.ª ed.). Beltran’s Creativity.

 

Cervilla, V. (2020, 2 de junio). “Terror vs Horror. Definición, uso y efecto”. Verónica Cervilla. https://www.vcervilla.com/blog/2020/06/02/terror-vs-horror/

 

Cortázar, J. (2013). Clases de literatura. Alfaguara.

 

Rehermann, C. (s.f.). “El horrorismo de Estado”. H enciclopedia. http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Rehermann/Horrorismo.htm

 

Sobre Ángel Beltrán

 

Nacido en Madrid, pero de corazón castellano manchego, divido mi tiempo libre entre el cine y la literatura siendo diplomado en dirección cinematográfica. Pero es la literatura la que ocupa el primer puesto.

 

No me gusta encasillarme en un género en concreto a la hora de escribir. Dejo que las ideas me vengan y la que más me insiste en la cabeza es la que desarrollo. Terror, ciencia ficción, drama, fantasía urbana… me gusta escribir de todo un poco.

 

Tampoco me gustan las modas en el arte, por lo que soy bastante crítico con las nuevas formas de escribir e interpretar la literatura. Si quieres conocerme un poco más, qué mejor que visitando mi web y leyendo algunos de mis relatos.

 

fotografia de Moisés Cárdenas

Moisés Cárdenas. Poeta, escritor, profesor y licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura. Corrector de textos y activista ambiental en grupos de WhatsApp. Egresado de la ULA-Táchira. Ha publicado en antologías de Venezuela, Argentina, España, Italia y Estados Unidos.  Entre sus obras: 

Poemario, Escrito en La Habana, Fondo Editoial Ollé, 2024. Libro Relatos de cualquier tipo, Editorial Solaris de Uruguay, 2022. Poemario En el jardín de tu cuerpo, Sultana del Lago Editores, Venezuela, 2021. Publicación digital, Obra poética y narrativa, Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, volumen 208, BAT. San Cristóbal, Táchira, Venezuela, 2018. Poemario infantil Mis primeros poemas, Ediciones Ecoval, Córdoba, Argentina, año 2015. Poemario Poemas a la Intemperie. Editorial Symbólicus, Córdoba, Argentina, 2013. Poemario Duerme Sulam. Editorial Cecilio Acosta, Museo de Barinas, Venezuela, 2007. Poemario El silencio en su propio olvido, Ministerio de Educación (IPASME) Caracas, Venezuela, 2008. Ha participado con colaboraciones literarias en  Letralia, Incomunidade, Herederos del Kaos, Diario Digital Identidad Latina Multimedia de Hartford, Estados Unidos, Poesía Alcanza, Trasdemar, Alas abiertas de Latinoamérica, Revista ADEH, Asociación de estudios humanísticos.

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